jueves, 10 de febrero de 2011

Y TÚ, ¿CÓMO TE COMUNICAS CON TU PAREJA?


Saber expresar y saber escuchar no siempre es fácil. En ocasiones no decimos todo aquello que sentimos para que la persona que tenemos a nuestro lado nos comprenda, del mismo modo que no siempre escuchamos con atención aquello que nos intenta transmitir. La comunicación es uno de los pilares básicos en la relación de pareja; aprendamos a comunicarnos de forma constructiva.

LA COMUNICACIÓN Y LAS RELACIONES.

Todas las personas establecemos numerosas relaciones a lo largo de nuestra vida. A través de ellas, intercambiamos opiniones e impresiones, transmitimos sentimientos, expresamos intereses, necesidades, y en definitiva, mostramos una forma particular de ver la vida. A estas relaciones se las conoce como relaciones interpersonales.

Las relaciones interpersonales son aquellas que nos hacen convivir con otros seres, nos ayudan a crecer como individuos y a interactuar con el mundo.

El éxito que experimentemos en nuestra vida depende en gran parte en la manera que tengamos de relacionarnos, y la base de todo ello es la comunicación.

La comunicación permite expresarnos, saber más de nosotros mismos, de los demás y del medio en que vivimos.

El ser humano empieza a comunicarse antes de su nacimiento, respondiendo a señales acústicas y con cambios de posición moviéndose dentro del vientre de la madre.

Es imposible no comunicar. Aún sin decir nada estamos diciendo mucho. Una mirada, una postura, una ubicación, un movimiento, etc. Todo ello es comunicación. Si alguien me pregunta y yo no respondo, estoy comunicando, al menos, que no quiero contestar o dialogar.

Así pues, la comunicación es la base de toda relación interpersonal, y en consecuencia, de las relaciones de pareja;

La comunicación y el conocimiento del otro son fundamentales en las relaciones sentimentales. Este conocimiento requiere capacidad de expresión y capacidad de escucha; expresar nuestras necesidades, exteriorizar emociones y sentimientos, compartir miedos, realizar peticiones, así como saber escuchar y empatizar con el otro, son elementos esenciales para comprender a nuestro compañero/a y ser comprendidos.

Cuando nos relacionamos con los demás, esperamos reciprocidad, esto quiere decir que deseamos dar, pero también recibir; escuchar y ser escuchados, comprender y ser comprendidos; aquí justamente reside el éxito de la comunicación en la pareja.

Dicho esto, veamos qué problemas pueden aparecer en la comunicación y qué podemos hacer para mejorarla.

¿QUÉ PROBLEMAS PUEDEN APARECER EN LA COMUNICACIÓN?

En ocasiones, podemos sentir que nuestra pareja no nos comprende, no sabe ponerse en nuestro lugar, del mismo modo que podemos no entender su comportamiento, el porqué de sus actos y respuestas, etc.

Si esto ocurre, puede que existan dificultades y falten habilidades para establecer una buena comunicación. Veamos de qué obstáculos estamos hablando:

- No prestar suficiente atención a lo que el otro nos está diciendo y responder con un mensaje que no comparte el mismo objetivo. La falta de escucha activa, es decir, de una escucha detallada y que busca la comprensión del mensaje que se está recibiendo, puede precipitar una respuesta que no satisfaga al otro y privarnos de información que no hemos llegado a comprender.

- Interpretar mal lo que nos quiere comunicar nuestra pareja y responder en base a nuestra interpretación.

- No expresar peticiones o sentimientos propios por temor a las consecuencias, por ejemplo, para evitar un conflicto. No ser sincero puede dificultar claramente la comunicación; si no expresamos lo que realmente sentimos, raramente podremos solucionar aquel problema en el que nos encontramos.

- Expresar nuestros deseos o sentimientos de una forma inadecuada. Por ejemplo, exteriorizando nuestra tristeza con reproches y acusaciones hacia nuestra pareja con actos suyos que no guardan relación con nuestro malestar.

- No utilizar la “forma” correcta en algunas expresiones, puede bloquear la comunicación. El ordenar, amenazar, imponer o ridiculizar, no facilitan la expresión y recepción de impresiones y sentimientos, al contrario, obstaculizan aún más el mensaje que les acompaña.

¿QUÉ CLAVES PUEDEN MEJORAR LA COMUNICACIÓN?

Existen seis estrategias generales para mejorar la comunicación en la pareja, descubramos cuáles son:

- Dar gratificaciones. Realizar cosas gratificantes para y por nuestra pareja.

- Agradecer gratificaciones. Reconocer todo aquello positivo que hace nuestra pareja por nosotros, y comunicárselo.

- Pedir gratificaciones. Es importante decirle a nuestra pareja lo que nos gustaría que hiciera por nosotros.

- Expresar sentimientos negativos. No únicamente es importante compartir emociones y sentimientos positivos, también es necesario expresar los negativos y no guardarlos para uno mismo.

- Intercambiar afecto físico. Demostrar el afecto y los sentimientos de una manera física, por ejemplo, con caricias, besos, abrazos, etc.

- Empatizar. Ponerse en el lugar del otro para poder entender cómo se siente es esencial para establecer una buena comunicación en la pareja.

Tal y como hemos anunciado, no comunicar es imposible; ello constituye la base de nuestras relaciones. Aprender a comunicarse significa crecer y evolucionar como personas; hacerlo en pareja significa enriquecerse el uno del otro y construir una relación sana, que permita compartir emociones, pensamientos y sentimientos, así como comprender a aquella persona tan especial que tenemos a nuestro lado. Cuidar la comunicación en la pareja es cuidar el vínculo que tenemos con ella; aprendamos a hacerlo día a día.



Mª Teresa Mata. Psicoterapeuta y fisioterapeuta.
Consulta privada en:


Institut Mensalus. C/Santa Magdalena 5, Bajos.
Barcelona, 08012 - Junto salida de metro Fontana - L3.
Tel. 932 371 916

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viernes, 30 de enero de 2009

MI PAQUETE DE GALLETAS




Una vez más, el Diván os propone un cuento interesante para pensar, en esta ocasión, anónimo.


Una noche estaba una mujer en un aeropuerto esperando varias horas antes de que partiera su próximo vuelo. Mientras esperaba compró un libro y un paquete de galletas para pasar el tiempo.

Buscó un asiento y se sentó a esperar. Estaba muy absorta leyendo su libro, cuando de repente notó que el joven que se había sentado a su lado estiraba la mano, con mucha frescura agarraba despreocupadamente del paquete de galletas que estaba entre ellos y comenzaba a comérselas, una a una. No queriendo hacer una escena ella trató de ignorarlo.

Un poco molesta la señora comía las galletas y miraba el reloj, mientras que el joven ladrón de galletas, sin vergüenza casi también se las estaba acabando.

La señora se empezó a irritar más y pensó para sí misma:

"Si no fuese yo tan buena y educada, ya le hubiera dejado un moretón en el ojo a este atrevido"

Cada vez que ella comía una galleta, él también comía otra. El diálogo de sus miradas continuó y cuando sólo quedaba una, se preguntó que haría él.

Con suavidad y con una sonrisa nerviosa, el joven alargó la mano, tomó la última galleta, la partió en dos y le ofreció una mitad a la señora mientras él comía la otra mitad.

Ella tomó la media galleta bruscamente de su mano y pensó:

¡Qué hombre más insolente! ¡Qué mal educado! ¡Ni siquiera me dio las gracias!

"Nunca antes había conocido a alguien tan fresco..."

Suspiró con ansias cuando su vuelo fue anunciado. Tomó sus maletas y se dirigió a la puerta de embarque rehusándose a mirar en dirección donde estaba sentado aquel ladrón ingrato.

Después de haber abordado el avión y estar sentada confortablemente, buscó otra vez su libro que ya casi había terminado de leer.

Al buscar su libro dentro su bolsa se quedó totalmente sorprendida cuando encontró su paquete de galletas casi intacto.

"Si mis galletas están aquí, las otras eran suyas, y él trató de compartirlas conmigo."

Demasiado tarde para pedirle disculpas al joven, se dio cuenta con mucho pesar, que ella había sido la insolente, la mal educada, la ladrona y no él.



La semana pasada hablábamos de las primeras impresiones y las percepciones.

En esta ocasión, el cuento intenta transmitirnos un mensaje relacionado con la percepción erronea que podemos tener de nuestra realidad o verdad, antes de contrastarla con la realidad de los demás.

En ocasiones juzgamos injustamente a los demás al creer que nosotros poseemos "la verdad" y en realidad, nos estamos equivocando. Nuestros errores proporcionan una percepción de todo aquello que nos rodea también erronea, y por ello, es importante reconocer cuándo nos hemos equivocado. Si no lo hacemos, nuestra percepción continuará siendo erronea, y seguiremos viendo a aquel "ladrón de galletas" como un bastardo.

Así son los prejuicios cuando no conocemos toda la verdad, crueles e injustos; Aún ser así, siempre existe la opción de reconocer que "el paquete de galletas" no era nuestro, e intentar compartir uno de nuevo con aquella persona que tan amablemente había cedido el suyo.




Consulta privada Mª Teresa Mata, psicoterapeuta y fisioterapeuta.

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jueves, 22 de enero de 2009

ESTA PERSONA NO ME ENTRA




Curioso pero cierto. En centésimas de segundo podemos llegar a percibir que alguien no nos “entra bien” y por ese motivo nos cuesta simpatizar con su persona. Desconocemos el porqué, de hecho, es la primera vez que la vemos, nunca antes habíamos hablado y lo cierto es que tan sólo llevamos 5 minutos de conversación. Esa persona no nos agrada, no la vemos “clara”, no nos da buen “feeling”. Todos, alguna vez, hemos vivido una situación similar a esta.

Las percepciones son inevitables, cualquier contacto, diálogo o tarea compartida, despierta una nueva sensación a cerca de aquella persona, y con ello, una interpretación. Por esta misma razón, cuando interpretamos, nuestra imaginación puede viajar mucho más lejos de lo que nuestra voluntad buenamente quiera, y originar una auténtica saga de pensamientos retorcidos y alocados, propios de los mejores guionistas de Holywood. Sí señor, nos montamos, y nunca mejor dicho, la gran película, y cavilamos a cerca de aquel individuo que hemos tenido el gran “gusto” de conocer. Así son las percepciones, y así de retorcida es la mente humana.


¿ Por qué se desencadena todo este proceso de interpretación cuando decimos "esta persona no me entra" a partir de una simple percepción?


Principalmente, las interpretaciones, que con menos pulcritud en este caso que nos ocupa, podríamos denominar "prejuicios", aparecen al producirse asociaciones que inconscientemente realizamos. Estas asociaciones son fruto de la experiencia personal de cada individuo, y en definitiva, de las relaciones sociales que uno ha establecido a lo largo de su vida. Según cómo hayan sido estas relaciones y vivencias, se construyen las interpretaciones, y cuando entramos en contacto con algún factor que nos recuerda a otra persona o suceso, relacionamos y asociamos automáticamente atributos al individuo que tenemos delante. Es entonces cuando se produce el fenómeno “esta persona no me entra”. Quizás sea su peinado ( un recogido al estilo de aquella supervisora que tuvimos tan poco agradable), su tono de voz ( parecido al de aquel compañero repelente que iba de listillo en la facultad), su forma de gesticular ( igual que la suegra cuando se queja), su mirada ( intimidadora, igual que nuestro padre cuando se ponía serio años atrás), etc…Los recuerdos vienen implícitos en las percepciones, el viejo “baúl” del inconsciente que alberga nuestra mente, se abre y asocia multitud de hechos a momentos que vivimos en la actualidad.

La percepción es curiosa; tanto, que cada persona percibe de modo único. La percepción por ello, es individual, y el modo que tenemos de asociar personas a sensaciones, también lo es.


Precisamente, mi curiosidad se despertó cuando una compañera de trabajo explicó su propia forma de percibir a las personas que conoce por primera vez. Su “método” es el de asociar, principalmente durante los primeros minutos de contactar con alguien, la persona a un color y tono concretos. En ocasiones, esta asociación no se produce en el primer encuentro, y necesita más tiempo para asignar, el pongamos por caso, verde manzana, a un individuo. Así de pronto parece extraño, yo intentaba imaginar a esta compañera en un momento comprometido como es el conocer a los padres de tu pareja, y pensar: “yo a esta mujer me da a mi que la veo un poco azul”; parece un chiste, pero así son las percepciones. Los colores adoptan un significado según la experiencia que uno haya vivido y también según los criterios socio-culturales (por ejemplo, el rojo la mayor parte de la población lo asocia a la pasión).

Hablando con esta compañera, cuando alguien no le entra, el color que en muchas ocasiones percibe es el gris o el marrón, y cuando alguien no le transmite demasiada energía y positividad, ve colores como el rosa o el amarillo, en tonos pálidos y poco luminosos. También comenta que nunca ha podido detectar personas de color negro o blanco, y que toda la escala de tonos está construida según sus valores personales, por ello, seguramente, cuando intenta compartir su sensación con otras personas, la percepción que estas manifiestan es distinta. Así pues, lo importante no son los colores, sino el significado que estos tienen según su forma de ver.


Todos tenemos nuestro propio sistema de percepción, algunos más estructurado o explícito que otros, pero siempre, sea cual sea la forma de elaborar la percepción, sentimos sin poderlo evitar, más cercanía o rechazo ante una primera impresión.


Y vosotros, ¿recientemente en un primer contacto habéis dicho: ESTA PERSONA NO ME ENTRA?





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sábado, 17 de noviembre de 2007

TEN PACIENCIA


La paciencia es la aptitud que lleva a los Humanos a poder soportar cualquier contratiempo. Necesitamos la paciencia…

- Para esperar el tren que viene con retraso
- Para aprender algo nuevo
- Para obtener un resultado
- Para recibir el sueldo deseado
- Para tener una respuesta
- Para escuchar
- Para entender al otro
- Para terminar un trabajo
- Para soportar una situación
- Para ser mayor
- Para ganar
- Para lograr aquello que nos proponemos...

Necesitamos paciencia para todo lo que hacemos y, sin embargo, muchas veces nos olvidamos de ella. Puede que entonces nos precipitemos, terminemos algo apresuradamente, estemos agitados y ansiosos, o directamente perdamos los nervios.

Tener paciencia significa saber esperar, y esta es una tarea que muchos de nosotros tiene pendiente. Saber esperar significa entender que existe un proceso para obtener un resultado, y el primer paso para ello es ser consciente de que todo necesita un tiempo y tenemos que aceptar esta realidad. Evidentemente, el tiempo no es matemático, y no siempre sabemos qué magnitud puede alcanzar. Esta incertidumbre es la que verdaderamente impacienta al ser humano, así como la impotencia de perder el control y convertirse en un humilde sirviente del paso de las agujas del reloj.

Las personas nos sentimos seguras al poseer el control de cada uno de nuestros movimientos y de los de nuestro entorno, pero el control total es física y psíquicamente imposible, y por ello esta limitación provoca un exceso de inquietud a la hora de esperar y bailar al son de los contratiempos.

En las relaciones personales, esta inquietud se hace muy notoria: ser paciente a la hora de esperar una respuesta, de entender la forma de actuar del otro, de querer obtener un perdón, de poder perdonar y no guardar rencor, etc. El tiempo para todo ello es totalmente incierto y la impaciencia, muchas veces, nos traiciona.

Cuando la impaciencia se vuelve contra nosotros, es el momento de actuar e impedir que vaya en aumento. El exceso de ansiedad que puede provocar la espera mal aceptada, comúnmente se exterioriza a modo de tensión corporal, cambios de humor, insomnio, pesadillas, etc.

Para prevenir este estado, es importante cambiar de “filosofía” y aprender a autocontrolarse. Afrontar el día a día con calma y tranquilidad, ser consciente de nuestras limitaciones y saber que lo bueno se hace esperar, puede servirnos de gran ayuda. Y es que ya lo dicen: “la paciencia es la madre de la ciencia”, porque en esta vida todo cuesta...Las alegrías, los desengaños, los logros, las penas, descubrirlos y conocer su significado cuesta un tiempo, no podemos prescindir de él.

Así pues, tener paciencia significa afrontar la realidad con racionalidad, saber reaccionar adecuadamente ante cualquier contratiempo, supone pensar antes de actuar, garantiza un aumento de bienestar personal a nivel físico y psíquico, y en definitiva, proporciona calidad de vida.


Vivamos sin contar los minutos, esperemos el momento oportuno, no intentemos ser más rápidos que el propio paso del tiempo...En definitiva, el tiempo "vivido", es el tiempo que sentimos, no el que perdemos esperando lo esperado.







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miércoles, 21 de marzo de 2007

CELOS ( II parte )


LA PAREJA




Tal y como comentábamos en el post anterior, la madre es, la mayoría de las veces, una fuente de cariño y seguridad para el niño. Esta relación dual deja de ser exclusiva en el momento en que la madre introduce la existencia afectiva de un tercero, por ejemplo con la llegada de un hermanito. A partir de entonces los celos del bebé tienen la finalidad de recuperar el objeto de amor perdido (en este caso la madre) y excluir al rival.


Si proyectamos este hecho en las relaciones amorosas, la figura materna pasa a ser sustituida por la pareja, mientras que el rival se encarna en cualquier figura que "obstaculice" la relación . La existencia perturbadora de un tercero real o virtual, se convierte en el pensamiento central de la persona que padece celos, siendo la infidelidad de la pareja su principal preocupación.


Definimos los celos como "un estado emocional ansioso que posee una persona y que se caracteriza por el miedo ante la posibilidad de perder lo que se posee o tiene, o se considera que se tiene o posee, o se debería tener o poseer (amor, poder, imagen profesional o social).”


Sufrir celos de forma moderada es una respuesta emocional normal pero, sentirlos de manera exagerada y descontrolada lo convierten en algo patológico. Así pues, los celos “normales” pueden ser producto de la PREOCUPACIÓN por perder el afecto de la pareja y por miedo a la infidelidad y la soledad, pero nunca dejan de ser una simple preocupación. Sin embargo, los celos “patológicos” se convierten en un sentimiento muy intenso y persistente de hostilidad, abandono, depresión, que llega a instaurarse en la vida de la persona como algo habitual sin que esta sea capaz de darse cuenta de que esa experiencia personal es excesiva y se aleja de la realidad, basándose en interpretaciones erróneas y razones infundadas.


Los celos son emociones que funcionan como un MECANISMO DE DEFENSA, por medio del cual las personas garantizan la permanencia de su pareja y protegen la relación de cualquier intromisión.

La percepción, sensación o fantasía de que tal amenaza pueda existir, lleva a que la persona tome medidas encaminadas a eliminarla o disminuirla. Existe un amplio abanico de acciones generadas a partir de los celos; podemos encontrarnos con una vigilancia continua sobre la pareja, búsqueda exhaustiva de signos indicadores de infidelidad, respuestas violentas y maltratos físicos y psicológicos


Veamos entonces las razones por las cuales el ser humano es celoso en las relaciones de pareja:


- Poca confianza en uno mismo

La falta de confianza en uno mismo facilita, en muchos casos, la aparición de los celos. La inseguridad puede provocar dudas sobre las muestras de afecto y sentimientos de la pareja. A veces, las personas con un bajo nivel de autoestima, no se sienten merecedoras de ser amadas y ello genera incertidumbre en la relación.

- Miedo al cambio y a la soledad

Los celos pueden ser motivados por el miedo a los cambios y, concretamente, por el miedo a perder la persona amada. Así pues, los celos y las conductas posesivas hacen su aparición como un intento de conservar la relación. Cuando las necesidades de uno de los miembros de la pareja cambian, la otra persona puede sentirse amenazada y, en consecuencia, pasa a estar continuamente pendiente de todo aquello que hace el otro por temor a que el cambio desencadene en ruptura.

- Dependencia

En las relaciones de pareja satisfactorias, cada miembro se siente una persona independiente de la otra, con gustos, amigos y aspiraciones propias. Por otro lado, puede que en otras parejas el exceso de dependencia por miedo e inseguridad en uno mismo, puede lleguar a absorber y agobiar. Cuando esto ocurre, ese individuo se ve incapaz de hacer nada sin contar con el otro y por ello los celos pasan a ser un mecanismo de protección y conservación del ser querido.

- Experiencias

Las experiencias vividas pueden predisponer la aparición de los celos. Es probable que una persona que haya sido traicionada alguna vez por alguien en quien confiaba, tienda a desarrollar una personalidad celosa con más facilidad.
Por otro lado, cada persona interpreta los acontecimientos de la vida de forma distinta segun sus experiencias vividas, y es en esta diversidad individual donde es posible que una persona, de una situación normal como podría ser una conversación entre su novia y un amigo, no encuentre nada sospechoso, pero sin embargo otra persona ante la misma situación despierte en si todo un mundo de pensamientos y sentimientos que le hagan volver “loco” de celos.

- Trastornos psicológicos

Las personalidades paranoides, narcisistas e histriónicas tienen una gran tendencia a desconfiar continuamente de los demás y por consiguiente a desarrollar una celotipia.


¿Cómo controlar los celos?


1. Respetar el espacio vital. Es importante respetar el espacio vital del otro o por el contrario lo único que conseguiremos es agobiarlo y atosigarlo.

2. Evitar pensamientos autodestructivos. Hay que evitar aquellos pensamientos que compliquen la relación e intentar sustituirlos por otros que den seguridad y confianza en uno mismo. A veces, los pensamientos erroneos y las falsas interpretaciones pueden alejarnos de la objetividad.
3.Reflexionar. Pensar y reflexionar sobre lo que nos está ocurriendo e intentar aclarar las ideas. Esto ayudará a conocer los propios miedos y necesidades

4.Buscar consejo. Explicar lo que nos ocurre a un amigo o familiar puede ayudarnos a buscar la verdadera objetividad. Ocultar el sufrimiento y negarlo hace que se potencie cada vez más. Los consejos y puntos de vista de otras personas ayudan a analizar lo que nos ocurre y a encontrar soluciones que tal vez no se nos habían ocurrido.

5.Evitar culpabilizar a alguien de lo que ocurre. Uno mismo debe ser responsable de lo que siente y no olvidar que los actos de uno dependen de él mismo.

6. Evitar utilizar amenazas. Hablar claramente de lo que ocurre con la pareja y no dejarse cegar por la rabia. Esta es la única manera de encontrar una solución real al problema.




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miércoles, 14 de marzo de 2007

CELOS ( I parte )

LOS PEQUEÑOS DE LA CASA
Todos los seres humanos, desde que nacemos, exigimos el amor exclusivo de nuestra madre y compartimos el deseo instintivo de ser únicos y exclusivos.

Los celos se producen cuando nos sentimos en desventaja, cuando en una relación percibimos que la atención de la persona amada nos ha sido arrebatada o está a punto de serlo por una tercera persona.

En el caso de los niños, este sentimiento suele aparecer en el momento que nace un hermanito. Estos ven como sus madres emplean largas horas en cubrir las necesidades del recién nacido y por ello reclaman la atención que en parte han “perdido”.

Los niños pueden expresar los celos de distintas formas:


- Cambio de conducta
Para el niño el hermano es un rival que ha pasado a ocupar parte de su territorio, que le ha robado tiempo de sus padres, y que a su forma de ver se ha convertido en una “amenaza”. Por todo ello, el niño se muestra desobediente, rebelde y en ocasiones agresivo; su objetivo es poder defenderse y recuperar "aquello que ha perdido”.

- Niño llorón
Este adopta una postura de “niño pequeño” que busca el consuelo en las faldas de la madre. Se muestra rencoroso con sus familiares y les reprocha el hecho de dejar de ser el único centro de atención.

- Retroceso en el desarrollo
Puede que algunos niños, con la llegada de un hermanito, presenten un retroceso en su desarrollo. La enuresis ( volver a hacerse pipí encima), exigir chupete, hablar como un bebé o pedir la comida a la boca son algunos ejemplos.


Es importante no dar una importancia excesiva a esta exteriorización de los celos y entenderla como una forma de protesta. No es recomendable reñir continuamente al niño; el cariño y cuidados de los padres le ayudarán a crecer saludablemente.


REDUCCIÓN DE LOS CELOS

Eliminar por completo los celos es imposible. Estos forman parte de la vida y de nuestras relaciones personales y no podemos prescindir totalmente de ellos. Así pues, hay que trabajar con aquellos celos que impiden un desarrollo normal y saludable en el individuo y con el sentimiento que estos generan.

Aumentar la autoestima del niño es la clave del éxito. La confianza en sí mismo es imprescindible para disminuir el principal sentimiento que motiva los celos: creer estar por debajo de todos los demás.

La autoestima permite que el niño no vea a las personas de su entorno ( principalmente hermanos ) como una amenaza, y le permite tolerar el tener que compartir el afecto de sus padres.

En consecuencia, disminuirá la egocentricidad del niño, y le ayudaremos a desarrollar fuerzas y recursos internos para “sobrevivir” en esta jungla a la que llamamos sociedad. Las relaciones con los demás mejorarán y el niño aprenderá a convivir de una forma más productiva.

¿Cómo actuar frente a los celos infantiles?

La prevención es el primer punto. Para prevenir los padres deben conocer las necesidades de cada uno de sus hijos y diferenciarlas entre si (no suelen ser las mismas para todos).

La solución ante los celos no es tratar a todos los hijos por igual, cada uno es diferente y necesita recibir una atención personalizada según sus necesidades.

Es importante comprobar que el niño se siente comprendido y demostrarle que nos importan los porqués de su “sufriendo”.
Aunque la mayoría de las veces sea inevitable, en momentos de lloros y enfados, es aconsejable no hablar del hermano de quién tiene celos, lo principal en ese momento es él.
Además, es muy importante procurar evitar las comparaciones; en ellas, siempre hay alguien que es "menos que" otro, aunque esa no sea nuestra verdadera intención.

En el caso de los hermanos recién nacidos, los padres deben mantener la rutina que seguían con los otros hijos. No son aconsejables los cambios bruscos y es importante seguir dedicando el tiempo necesario a las tareas de los niños (juegos, deberes, cuentos de buenas noches, rituales en la comida, etc.). También es bueno hacerles partícipes de los cuidados del nuevo nato. Ellos se convertirán en hermanos mayores y sus nuevas “responsabilidades” pueden pasar a ser un juego...


...aunque no dejen de ser los pequeños de la casa por ello





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miércoles, 24 de enero de 2007



NO se decir NO











Introducimos el post de esta semana con una invitación a reflexionar brevemente sobre las siguientes cuestiones:


- ¿Te cuesta expresar tu opinión cuando no coincide con la de los demás?

- Ante un trato que consideras injusto, ¿tienes dificultades para exponer tranquilamente tus derechos?


- Si la conducta de otro te molesta, ¿Te cuesta decírselo y pedirle que cambie su manera de proceder?

- ¿Temes a una reacción de rechazo por parte de los demás, ante la oportunidad de expresar tu punto de vista sobre algún asunto?

- ¿No eres capaz de negarte a realizar un favor que te piden y que no deseas hacer?

- ¿Te incomoda pedir un favor que, por otro lado, estarías dispuesto a hacer sin demasiada dificultad?


Ahora, veamos que significado hay detrás de todas ellas.

Si hemos respondido afirmativamente significa que somos muy poco asertivos. En anteriores posts anunciábamos la importancia de saber ser asertivos en distintos momentos de nuestra vida, y hoy veremos con detenimiento el porque.



La asertividad es la capacidad para transmitir hábilmente opiniones, intenciones, posturas, creencias y sentimientos. Es actuar y decir lo que pensamos, en el momento y lugar adecuados, con franqueza y sinceridad.
Ser asertivo significa saber manifestar lo que uno piensa y siente sin ofender a los demás, buscando siempre el respeto de los derechos propios y de los otros. La persona asertiva es aquella persona capaz de expresar sentimientos, actitudes, deseos y opiniones de un modo adecuado a cada situación social que se le presente, respetando esas conductas en los demás y resolviendo de modo adecuado los posibles problemas que surjan.



Pongamos un ejemplo:

Estamos de viaje con un grupo de amigos, y dos de ellos proponen hacer una excursión a pié en lugar de la actividad programada en un principio. La nueva propuesta no nos gusta, con ella dejaremos de visitar un sitio deseado para nosotros. ¿Cómo reaccionamos?:

a) No comento que me disgusta esta nueva propuesta y acepto sin más para no llevar la contraria al grupo

b) Empiezo a discutir y levanto el tono de voz. Si en un principio hemos acordado algo, ¿Por qué tenemos que cambiarlo ahora ?

c) Expongo mi opinión, comento mis ganas de realizar la actividad programada en un principio, propongo pensar cómo reorganizaremos el viaje y animo a hablar sobre el tema antes de tomar ninguna decisión. Escucho y respeto la respuesta de los demás compañeros del grupo


La primera opción responde a un estilo pasivo. El sujeto no expone sus verdaderas opiniones por cierto temor, no explicita su verdadera voluntad, no mueve ninguna ficha para evitar cualquier problema o discusión.

La segunda opción es una respuesta agresiva en la intenta imponer su voluntad por medio de los gritos.

La tercera es una actitud asertiva. En ella el sujeto muestra sus preferencias, intenta dialogar y respeta la opinión de los demás.


Un estilo asertivo de conducta permite comunicar tranquila y eficazmente cuál es nuestra propia postura y ofrece información sobre cómo nos gustaría que el interlocutor actuase en un futuro. Permite darse a conocer y perseguir los propios objetivos respetando los derechos de los demás. Evidentemente no asegura la obtención de todo aquello que uno desearía de los otros, pero al menos sí permite que ellos conozcan de qué se trata. La persona que practica una conducta asertiva se percibe como auto eficaz al sentirse capaz de hacer aquello que cree y desea hacer. Por todo ello, un estilo asertivo permite conservar una relación de confianza con los otros, y de otro lado, la autoestima.

Por el contrario, una conducta agresiva en el estilo, el tono y el contenido del mensaje, permite una descarga emocional más o menos intensa que puede resultar satisfactoria en un primer momento. Esta conducta agresiva puede conseguir el objetivo que uno se propone al provocar en el otro una conducta de sumisión, pero el precio que se paga por ello puede ser alto. A medio plazo, puede que se hagan evidentes nuevos conflictos con la persona "sometida". En realidad, a nadie le gusta ser objeto de una agresión y ello podría dañar seriamente la relación. En el caso en el que no exista una rebelión por parte de la persona objeto de la agresión, es bastante probable que ésta no se atreva a expresarse libremente por temor a ser agredida nuevamente. Así que a largo plazo, la conducta agresiva provocará una falta de confianza mutua que acabará por limitar la relación.


Hay muchas técnicas para ser asertivos. Una de las técnicas que mejor funcionan es adelantar un cumplido o un reconocimiento de una tarea o una característica personal, antes de expresar aquello que queremos transmitir.

Veamos un ejemplo:

- Marta : Antonio, ¿ podrías encargarte tu de hacer la reserva del restaurante y llamar a los invitados?

- Antonio: No creo que tenga tiempo esta semana, puede que termine tarde la reunión de mañana y luego cuando llegue a casa solo tendré ganas de estirarme en el sofá.

- Marta : Se que estás muy cansado, desde que te han ascendido tienes muchas reuniones y todas duran horas interminables, es normal que llegues a casa sin ganas de hacer nada. Pero sería importante que pudieras llamar tú, sino no tendremos sitio para el sabado. Yo tengo que cubrir el turno de tarde en el hospital y antes estaré preparando la comida para los niños.

Así pues, seremos asertivos cuando:

- Sepamos rechazar una petición
- Solicitemos ayuda
- Pidamos un cambio de una conducta que nos resulte molesta
- Mostremos desacuerdo
- Sepamos hacer y recibir una crítica
- Hagamos un elogio y tambíen sepamos recibirlo

Todo ello siempre y cuando expresemos nuestros puntos de vista respetando el de los demás.


A continuación expondremos los pasos que deben tenerse en cuenta para expresar desacuerdo ante la opinión de otro y formular la propia opinión, de forma asertiva.

- Asegurarnos que hemos entendido la opinión del otro. Por ejemplo: entonces, con esta opinión que expones, ¿ quieres decir que los homosexuales no deberían poder adoptar niños porque de esta forma falta una figura en la familia que ellos no pueden reemplazar ?

- Pensar bien que vamos a decir, no ser impulsivos y reflexionar antes de hablar. Por ejemplo: bien, mi compañero piensa esto pero voy a ver como puedo argumentarle mi opinión

- Señalar los aspectos positivos de la opinión del otro. Por ejemplo: por lo que tu explicas, te basas en feliz infancia que tu has tenido con tu padre y tu madre y crees que ese es el ideal de familia ya que has estado bien atendido y los dos te han ayudado a madurar

- Mostrar un desacuerdo claro en los puntos que creamos convenientes y dar argumentos de ello. Por ejemplo: que sean dos hombres o dos mujeres los que eduquen a un niño no significa que el niño deje de recibir afecto o cariño o deje de estar igual atendido.

- Dar una opinión personal clara, sin miedo ni rodeos. Por ejemplo: en mi opinión, una pareja homosexual puede educar correctamente a un niño, igual que una pareja heterosexual.

- Resaltar las ventajas de la nueva opinión en caso de que existan. Por ejemplo: hay muchos niños sin hogar que están deseando tener una familia y de esta manera todo tipo de parejas pueden atenderlos.

- Analizar la reacción de la otra persona ante la nueva opinión que hemos expuesto, ver las discrepancias.




Ser asertivo no significa querer llevar siempre la razón, sino expresar nuestras opiniones y puntos de vista, sean estos correctos o no. Todos tenemos derecho a equivocarnos y no por ello debemos tener miedo. La asertividad es un derecho universal.








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lunes, 20 de noviembre de 2006

Los otros






La pareja, los hijos, los compañeros de trabajo, los amigos,…ellos son LOS OTROS, los otros que padecen las consecuencias de un desequilibrio emocional tal y como anunciábamos en el anterior post.





Cuando persiste un desequilibrio en la balanza personal, y las exigencias de la razón no responden a las de la emoción y viceversa, se desencadena un estado disfuncional en el ser humano que no sólo afecta a su ser, si no también a su entorno social.

Las personas no vivimos aisladas, formamos parte de un contexto, o mejor dicho, de un multicontexto. Somos alguien para nuestra familia, para nuestros vecinos, para nuestros socios; somos alguien importante para cada uno de los contextos de nuestra vida ya que no estamos solos y formamos parte de un TODO.

Nuestros actos repercuten directamente en el medio en el que nos encontramos y la respuesta de dicho ambiente interfiere en nuestros actos. Así pues, el estado de ánimo será decisivo en todas las relaciones personales y éstas responderán según cómo haya sido nuestra intervención.

Si nos sentimos inseguros, insatisfechos, nos mostramos negativos ante los cambios y evitamos todo aquello que nos atemoriza, actuaremos de forma poco saludable y a la vez, retroalimentaremos nuestro malestar.


Para entenderlo mejor, haremos referencia a un contexto concreto, el contexto laboral.

Si estamos pasando por un mal momento en el que no nos sentimos bien y no podemos reconocemos cómo quién éramos al principio, dejaremos de confiar en nosotros mismos y aparecerán inseguridades y miedos. Si esto ocurre, los sentimientos interferirán en el trabajo diario y terminaremos por no realizar una buena labor.

Esto puede ocasionar actitudes equivocadas con los compañeros, malas contestaciones, temores en las responsabilidades individuales, creencias equivocadas sobre los malos resultados en las tareas de equipo, etc.

Quizás no estemos pasando por el mejor momento, pero debemos diferenciar qué nos hace sentir mal y qué podemos evitar para sentirnos aún peor. Lo único que conseguimos con esta actitud es causar disputas y resultados insatisfactorios que nos llevan a un estado de mayor discordia personal.




La clave de todo esto es trabajar para recuperar la autoestima y el instrumento que necesitaremos es una actitud más positiva que nunca.

El optimismo permite dejar de pensar en negro, abre nuevas puertas y lleva a vivir nuevas experiencias. Ser positivo es poner esperanza en aquello que hacemos sin dejar de pisar la realidad, y significa buscar soluciones para todos los problemas que interfieran en nuestro camino.




Así pues, tu escoges que actitud tomar, tu escoges cómo vivir, y en definitiva, tu escoges cómo pueden vivir LOS OTROS.





Consulta privada Mª Teresa Mata, psicoterapeuta y fisioterapeuta.


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