jueves, 16 de septiembre de 2010

UNA OLLA A PRESIÓN PUEDE ESTALLAR

La rabia y la ira son temas que han aparecido en repetidas ocasiones en nuestro particular Diván. De nuevo, un reportaje de TV3 del programa "bricolatge emocional" habla sobre ello, aprovechemos para dar un repaso a su contenido:


En ocasiones, nuestra cabeza es como una olla a presión; los conflictos hacen subir la temperatura y las emociones empiezan a hervir. Sino existe ninguna válvula de escape, la presión continua aumentando, y existe el peligro de que explote la olla. Cuando la olla explota, arrastra todo lo que encuentra; parece que no exista nada que pueda parar esta fuerza, ni siquiera nosotros mismos. Después de la explosión, no queda nada, el terreno se ha quedado sin provisiones...Nuestra ira ha arrasado con todo.

IRA. ¿ Qué podemos hacer cuando estamos enfadados ?

Identificar que sentimos una emoción visceral.
Relativizar, alejándonos de la emoción y dejando que se enfríe.
Frenar, poniendo nuestras emociones en cuarentena.

Enric Àlvarez. Jefe psiquiatría Hospital Sant Pau: Podemos decir que la ira es la pérdida del control, es la impulsividad llevada al máximo extremo.

Eva Bach. Pedagoga y maestra: La ira o la rabia, es una emoción natural, que normalmente experimentamos cuando nos sentimos una amenaza hacia nuestro ser, nuestros derechos y nuestra dignidad.

Begoña Roman, Dra en filosofía: La Ira es un sentimiento negativo reactivo, normalmente fruto de una acumulación de pequeños enfados que no han salido, rodeados de mucha indignación ante una situación.

Eva Juan. Psicooncóloga: La ira la detectamos principalmente por reacciones físicas. Una de ellas es que nos ponemos rojos y se eleva la frecuencia cardio-respiratoria; cuando esto ocurre, tenemos que estar alerta para que nuestra mente no se descontrole y nuestras palabras pasen a ser agresivas y desafiantes. La cólera no nos permite saber qué hacemos, y aún menos, qué decimos.


La ira es como un cubo de agua sucia. Cuando nos enfadamos, tiramos este cubo sobre la persona que nos ha hecho enfadar y lo dejamos hecho un asco. Así es imposible resolver ninguna situación, y la agresividad, en lugar de disminuir, aumenta. Para dejar de estar dominados por esta agua sucia llamada ira, el primer paso es, como ya hemos dicho, identificarla.

No es bueno reprimir ninguna emoción, entre ellas la ira, pero si que es necesario aprender a identificarlas y regularlas; cuando la ira estalla, no trae consecuencias positivas para nadie, siempre todos pierden.

La ira nunca está faltada de razón, pero raramente tendrá un buen motivo.

Lo más importante para combatir la ira es tener paciencia y proporcionar tiempo para observar al otro antes de contestar. Muchas veces, la ira va acompañada de mucho movimiento corporal, hecho que consigue provocar a las personas que tenemos a nuestro alrededor. Por ello, es necesario calmar esta agitación respirando profundamente, así podremos dejar un espacio para el pensamiento y la razón, sin ellos, no podemos elaborar qué ha ocurrido y cómo debemos actuar.

Estar enfadado es como coger una brasa y tirarla contra tu "enemigo"; al final, eres tú el que se quema.

La asertividad es un instrumento fundamental, ya que nos permite decir aquello que pensamos y sentimos de forma directa, pero al mismo tiempo respetuosa. Si estamos indignados ante una situación, debemos comunicarlo, eso sí, siempre desde el autocontrol y la razón. Dejar estallar la ira no nos ayuda ni a nosotros, ni a las personas que tenemos alrededor. Así pues, siempre tenemos que pensar aquello que queremos decir, este es el pilar fundamental de la asertividad.

Quien domina su propia cólera, domina a su propio enemigo.


Es importante mostrar nuestro enfado, no debemos esconderlo, pero aún más importante es saberlo expresar de forma racional, de no ser así, difícilmente llegaremos a un entendimiento.

Y vosotros, ¿ Habeís "estallado" alguna vez?



TALLER DE INTELIGENCIA EMOCIONAL. INICIO PRÓXIMO 5 DE OCTUBRE.

PLAZAS LIMITADAS. MÁS INFORMACIÓN EN:


http://eldivandigital.blogspot.com/2010/07/taller-de-inteligencia-emocional.html

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domingo, 29 de agosto de 2010

EL PODER CURATIVO DEL APOYO EMOCIONAL



Saber escucharnos y recibir escucha. Aprender a perder el miedo y expresar nuestros sentimientos. Mejorar la capacidad de introspección y detectar aquellos pensamientos que nos producen ansiedad y malestar. Dejarnos ayudar emocionalmente en un momento difícil de nuestra vida.

El poder curativo del apoyo emocional y la capacidad por recibirlo es esencial. En momentos difíciles de nuestra vida, en el camino de superación de una enfermedad, en un proceso de duelo, ante situaciones conflictivas en el trabajo, la familia, etc., recibir apoyo emocional, es decir, recibir ayuda para poder expresar sentimientos y exteriorizarlos, es de vital importancia para sobrellevar la situación de una manera saludable y encontrarnos lo mejor posible.

Daniel Goleman, habla de este poder curativo en su libro "Inteligencia Emocional". He rescatado un fragmento para comprenderlo mejor:

En "Las intrépidas aventuras de Robin Hood", Robin advierte a un joven simpatizante: "Habla libremente y revélanos tus cuitas. El fluir de las palabras apacigua el corazón de quien sufre; es como abrir las compuertas cuando el embalse amenaza con desbordarse". Este retazo de sabiduría popular refleja el hecho de que descubrir nuestros sentimientos constituye una excelente medicina para el corazón apesadumbrado.

La corroboración científica del consejo de Robin nos la proporciona James Pennebaker, psicólogo de la Universidad Metodista del Sur ( EEUU), quien ha demostrado experimentalmente el efecto beneficioso que conlleva hablar de los problemas que más nos preocupan". El método utilizado por Penneabker es muy sencillo y consiste en pedir a la persona que dedique quince o veinte minutos cada día, durante cinco días, a escribir acerca de "la ex
periencia más traumática de toda su vida" o de alguna otra situación presente que le resulte especialmente apremiante. Tampoco es preciso que muestre luego a nadie el contenido del escrito puesto que, si la persona lo desea, puede mantenerlo completamente en secreto.

El efecto manifiesto de esta especie de confesión resultó sorprendente, ya que fortaleció la función immunológica, provocó un descenso significativo en la frecuencia de visitas a los centros de salud durante los seis meses posteriores, disminuyó el absentismo laboral e incluso mejoró la función enzimática del hígado. Este estudio ha demostrado que la pauta "más saludable" de exteriorización de los sentimientos problemáticos comienza cargada de tristeza, ansie
dad, irritabilidad o cualquier otro tipo de sentimiento implicado, y , a lo largo de los días siguientes, prosigue estableciendo un hilo narrativo que permite dar algún sentido al trauma o al problema en cuestión. Es evidente que este proceso es equivalente a lo que ocurre en ciertos tipos de psicoterapia. De hecho, el resultado de la investigación de Pennebaker explica también la manifiesta mejora clínica de aquellos pacientes que reciben un tratamiento psicoterapeútico adicional frente a quienes sólo son objeto de tratamiento médico.

Es muy posible que la demostración más palpable de la incidencia clínica del apoyo emocional nos la proporcione un estudio realizado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford con mujeres aquejadas de metástasis avanzada de cáncer de mama. Todas las mujeres que participaban en la investigación habían sido sometidas a algún tipo de tratamiento - frecuentemente quirúrgico- tras el cual habían experimentado una grave recaída. Clínicamente hablando, era sólo cuestión de tiempo que el cáncer acabara con sus vidas. El resultado de esta investigación sorprendió a toda la comunidad médica, ya que puso de manifiesto que las pacientes que habían recibido apoyo psicológico sobrevivieron el doble de tiempo que aquellas otras que afrontaron a solas la enfermedad".


Promover una atención médica emocionalmente inteligente es esencial para la salud física y mental del de las personas.

Buscar apoyo emocional en familiares o amigos cercanos, en un psicoterapeuta o en ambas figuras, es la clave para solucionar el conflicto de la forma más saludable posible.

Aprender a apoyarnos emocionalmente y sabernos escuchar, es la clave para que toda la ayuda que se nos ofrezca, de su fruto.


Apoya a los que tienes cerca y déjate apoyar.



TALL
ER DE INTELIGENCIA EMOCIONAL. INICIO PRÓXIMO 5 DE OCTUBRE.

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martes, 17 de agosto de 2010

AL VOLANTE SOY OTRO



"Al volante soy otro".

Esta es una frase que todos hemos escuchado repetidas veces, o incluso hemos llegado a pronunciar en algún momento.

La tensión que soportamos en la conducción, los múltiples factores que la afectan y no dependen de nosotros, la infinidad de riesgos y problemas que aparecen en el momento menos pensado, y la ansiedad que provoca el estar subeditado a todo ello, en ocasiones, puede ocasionar esta "transformación" agresiva de nuestro comportamiento.

Gritos, pitidos, impaciencia, aumento de la frecuencia cardiaca, dolor de estómago, impotencia, sensación de inseguridad, etc. Este es el cocktail mágico que acompaña a la doble cara que en algún momento la mayoría de conductores muestran especialmente en retenciones y carabanas, como si del propio Dr Jekyll y Mr Hyde se tratara.

El carácter y la personalidad de cada uno influencian en la conducción, peró aún más lo hace el autocontrol, uno de los pilares básicos de la inteligencia emocional, clave para sobrellevar momentos de tensión, solucionar conflictos, pensar antes de actuar y ser responsable en la carretera. El autocontrol nos permite ser más racionales al volante, evitar desbordarnos emocionalmente y con ello evitar perder justamente el control del vehículo; la cólera y la agresividad, por el contrario, provocan una pérdida de atención ante múltiples estímulos, aumentando el riesgo de sufrir un accidente.

Aún así, en nuestra vida cotidiana, múltiples factores provocan en nosotros ansiedad y en ocasiones deben salir a modo de rábia o enfado. El autocontrol permite que no salgan en el momento equivocado, pero nosotros somos los responsables de eliminar estas emociones con la actividad adecuada.

Esto trasladado a la conducción, nos hace pensar que una vez bajamos del coche, si hemos estado sometidos a mucha tensión, es importante saber desconectar y buscar aquello que nos permita relajar el cuerpo, ya sea dando un paseo, estirando el cuello y la espalda, echando unas canastas o tomando un buen baño al llegar a casa. Parece sencillo, pero en más de una ocasión olvidamos estos hábitos tan sencillos; no únicamente se trata de tener autocontrol, también se trata de pensar en nosotros mismos y proporcionar el cuidado que nos merecemos.


Tres claves para obtener autocontrol ante el volante:

- Sé responsable al volante, piensa antes de actuar.
- Recuerda: la cólera no soluciona el problema que la causa.
- Descarga la tensión que has soportado al final del día, cuanto más tranquilo y relajado puedas estar antes de volver a cojer el coche, de más autocontrol dispondrás.


Conductores del mundo, los gritos y los pitidos al volante no os ayudan, únicamente os hacen enfadar.



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jueves, 21 de mayo de 2009

¿Sabemos escuchar?

¿Sabemos escuchar?

Cuando un amigo acude a nosotros para explicar un problema, ¿sabemos transmitir un mensaje de acogida y compañía mientras escuchamos? Cuando nuestra pareja llega a casa y necesita contar un conflicto relacionado con el trabajo, ¿sabemos demostrar que aquello que explica es también importante para nosotros?
A parte de oír, ¿sabemos escuchar?

Para que la escucha sea efectiva y productiva, tiene que ser, principalmente, una buena escucha.
Se escucha, en primer lugar, con la postura física. Se escucha con todo el cuerpo. La distancia que mantenemos con la otra persona, es de gran importancia. Una distancia muy próxima puede ser considerada como una invasión de la intimidad en aquellos casos en los que el lazo que nos une al otro no es demasiado estrecho; en ocasiones puede ocurrir que un compañero acuda por casualidad a nosotros y necesite ser escuchado, aún no mantener una estrecha amistad. Por el contrario, una distancia excesiva puede interpretarse como una falta de interés, o privar de una calidez que invite a la otra persona a abrirse y expresarse en confianza.
Además, son elementos importantes para la escucha, la posibilidad de entablar un contacto visual, el esfuerzo por mantenerse a la misma altura sobre el plano visual, siempre que sea posible, e intentar que la incomodidad física no obstaculice la calidad de la escucha. Parece extraño, pero el subconsciente de aquel que está exteriorizando un problema, puede detectar detalles similares a los que acabamos de citar, y como resultado, experimentar un extraño y aparentemente “inexplicable” malestar, más aún si su autoestima pasa por un mal momento.

En segundo lugar, podemos decir que se escucha con todo el rostro. El rostro es la parte de nuestro cuerpo más expresiva, y también es la parte que la persona que quiere ser escuchada, observa con más atención. Es muy importante para aquella persona que nos cuenta un problema, vea en nuestro rostro una muestra adecuada de los sentimientos de acogida, interés y comodidad. Tal y como comentábamos antes, la mirada es un elemento crucial en la comunicación y por supuesto, en la escucha. Mirar a los ojos manifiesta atención; es, en cierta medida, confirmar la existencia del otro ante nuestros ojos, y resaltar la importancia del mensaje que nos está transmitiendo. La persona que habla necesita saber que aquello que expresa llega al otro, que recibe la importancia que se merece, y que como toda necesitad, es valorada. La mirada es capaz de reconstruir a una persona y capaz de destruirla. ¿Cuantos de nosotros nos hemos sentido menospreciados alguna vez en nuestra vida por una mirada?¿Cuanto daño puede hacer una mirada y cuanto daño una falta de contacto visual? La mirada puede transmitir amor, empatía, o por el contrario odio o total ignorancia. Una mirada puede dañar la autoestima de una persona, y provocar un profundo sentimiento de malestar. El poder de la mirada es incalculable.

En tercer lugar, se escucha acogiendo y manteniendo el silencio. No tener miedo a los momentos en los que es necesario no hablar y ser capaz de soportar el silencio del otro, es un signo de escucha auténtica. Hay muchos tipos de silencios: los que anticipan largas esperas, los que acompañan en la soledad de una pérdida ( por ejemplo una separación), los que enmascaran multitud de pensamientos desconcertantes y desorganizados, etc. Dicen que “sabe hablar quien sabe callar”…Yo en este caso añadiría el “sabe escuchar quien sabe callar”.
Se escucha también con las manos. El tacto puede transmitir gran variedad de mensajes que van desde la ternura hasta la agresividad. Con el tacto podemos acoger al otro en medio de su discurso, y por supuesto, un abrazo puede valer más que mil palabras en el momento en que queramos empatizar.



Saber escuchar es una cualidad que los terapeutas deben trabajar en todas las sesiones. Cada uno de nosotros pasa a ser un "terapeuta en la vida real" cuando alguien cuenta con nosotros para explicar un problema. La capacidad por atender aquel mensaje que alguien nos confía, y el acompañamiento que supone una buena escucha, puede ser una ayuda que para el otro es importantísima de recibir. En ocasiones creemos que con oír es suficiente, y no entendemos qué siente el otro hasta que un día, nosotros tampoco nos sentimos escuchados.





Consulta privada Mª Teresa Mata, psicoterapeuta y fisioterapeuta.


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miércoles, 2 de julio de 2008

COLONIAS DE VERANO; UNA OPORTUNIDAD PARA EL CRECIMIENTO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL




Mi mamá me prepara el desayuno, mi papá hace la cama; mi mamá elige las bermudas y la camiseta que voy a ponerme, mi papá me acompaña al colegio; mi mamá prepara la mochila para ir a la playa, mi papá se asegura de que no queden restos de arena en las zapatillas y la toalla; mi mamá sabe cual es mi merienda preferida, mi papá me pone crema en la espalada después de estar dos horas al sol.

Mi mamá, mi papá…ellos saben como cuidarme, como complacer todas mis necesidades, pero… ¿Qué ocurre cuando ellos no están?

Miles de niños preparan estos días las maletas para empezar la aventura, que, desde hace un año, están esperando: las colonias de verano. Allí se convierten en personas autosuficientes para revisar sus objetos personales, organizar sus armarios, cuidar de su higiene, al mismo tiempo que crecen y maduran aquellas habilidades que, en ocasiones, quedan ocultas cuando están en casa y en la ciudad. Este crecimiento personal les proporciona seguridad y permite potenciar el desarrollo de la inteligencia emocional.


DESARROLLO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

Capacidad para establecer relaciones personales y trabajar en equipo: Juegos de grupo, competiciones deportivas, excursiones, construcción conjunta de murales y todo tipo de manualidades, preparación de fiestas y festivales, etc. Las colonias fomentan el trabajo en equipo y la capacidad para compartir y relacionarse con los demás. Uno de los pilares principales de la inteligencia emocional es justamente la habilidad de comunicar y entablar relación en distintos ámbitos.

Capacidad para tomar decisiones: Como decíamos al principio, cuando están los papás, muchas veces el niño no tiene que preocuparse de nada. En las colonias, el niño decide qué hacer en cada momento, cómo prepararse para cada ocasión, qué indumentaria es más apropiada, qué puede hacer para solucionar pequeños problemas, etc. Siempre contando con el apoyo de los monitores, por supuesto.

Asertividad: Saber decir no cuando sea necesario, aprender a dar una opinión, aprender a ser uno mismo. Esta es una capacidad primordial que se desarrolla a lo largo de toda nuestra vida. Muchas veces no nos sentimos capaces de expresar lo que realmente pensamos y sentimos, y por ello lo ocultamos y nos resignamos. La relación con otros niños, así como las necesidades y dificultades que despierta, aumentan la capacidad de opinión y comunicación.

Autosuficiencia y seguridad: “Sólo ante la adversidad”; bien, sabemos que no está sólo, pero sí sabemos que nosotros no estamos a su lado. El niño experimenta nuevos retos y comprueba que él mismo es capaz de superarlos. Esto proporciona una seguridad que paralelamente alimenta su autoestima, esta sí, primer pilar básico de la inteligencia emocional. Creer en uno mismo permite creer en los demás y CRECER.


Como vemos, las colonias de verano, así como todas aquellas actividades (deporte en equipo, talleres, excursiones, etc.) que permitan al pequeño relacionarse con los demás, colaboran justamente en su crecimiento y evolución, potenciando recursos personales que, a la larga, ayudarán al pequeño a “sobrevivir” en la vida de los adultos, la VIDA REAL.






Consulta privada Mª Teresa Mata, psicoterapeuta y fisioterapeuta.

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miércoles, 9 de enero de 2008



¡QUÉ ENVIDIA!


Envidiamos el pelo de nuestra compañera de trabajo, nos gustaría tener el mismo salón que la vecina, querríamos conocer al hombre de nuestros sueños igual que nuestra amiga, desearíamos lucir un precioso anillo como el de nuestra jefa y si pudiésemos, alardearíamos de nuestras vacaciones por las islas griegas tal y como hace nuestra peluquera. Sí, queremos lo que no tenemos, y sólo anhelamos poseer aquello envidiado cuando lo conocemos. Hasta ese momento, no existe necesidad alguna por llenar nuestras vidas con el objeto, la persona o el hecho en cuestión, pero saber de su existencia se convierte en un estremecedor sentimiento de vacío que nubla nuestra mente y se apodera de nuestro ser. Puede que se trate de un sentimiento fugaz, o por el contrario, perdure noche y día a la espera de ser correspondido. En ese caso, nosotros pasamos a ser simples súbditos de un entramado mental que, sin saberlo ni quererlo, ha dictaminado el inicio de una eterna guerra.

Pensamientos repetitivos que persiguen un objetivo, planes que intentan conseguir el apreciado motín, palabras que hablan más del otro que de uno mismo...Todos ellos actúan como pequeños soldados que, unidos, se proponen cumplir con una única misión: ganar la batalla. Ésta pasa a ser la principal prioridad de aquel que envidia; no se trata de qué conseguir, lo importante es conseguirlo, y la principal problemática se convierte en: ¿cómo conseguirlo?. Cuando el objeto envidiado puede conseguirse fácilmente con una compra o un trato, el trabajo es fácil; pero por el contrario, si el “preciado motín” no tiene precio, empieza lo que podríamos denominar un desequilibrio entre el yo emocional y el yo racional (quiero pero se que no puedo).
Agitación, nerviosismo, ira, inconformismo, ansias incombustibles,...Un cocktail de sentimientos y emociones que intentan llenar un vacío provocado por la INSATISFACCIÓN del momento.

La envidia puede alcanzar límites insospechados, hasta el punto de convertirse en el único pensamiento que alimenta nuestra vida. Esto puede suceder en situaciones donde el deseo de ocupar un cargo o una posición sea la principal prioridad. Por ejemplo, aspirar a ocupar un puesto de trabajo concreto, a representar una figura determinada en la sociedad, o a parecerse a una persona exitosa y admirada por los demás podrían ser algunos ejemplos. La envidia por ser aquello que es el otro y por llegar a ocupar su rol puede desencadenar un proceso de “pérdida” de identidad, provocando una mayor preocupación por el “me gustaría ser” que por el “quien soy yo” en realidad.
Cuando entramos dentro del terreno amoroso y familiar, la envidia fácilmente puede desencadenar la aparición de los celos. Por ejemplo, de pequeños podemos envidiar a nuestro hermano menor por recibir cariños y cuidados de todos, y posteriormente sentir celos por no poder convertirnos en el centro de atención de todas las miradas. En la edad adulta, se repite el mismo patrón; la única diferencia es que la envidia generada puede ser mucho más intensa y por ello, llegar a convertirse en autodestructiva. El niño tiene aún que aprender a controlar sus sentimientos, comprender qué papel ocupa en la familia y porqué el suyo es igual de importante que el de los demás. Una persona adulta ya posee la capacidad para autocontrolar sus emociones e impulsos, ya tiene aquellos instrumentos que le permiten ser un ser racional y maduro. De todos modos, la envidia llevada al límite puede llegar a inutilizar estos recursos personales y convertir al individuo en, como decíamos al principio, un simple súbdito de su propia ofuscación.

Por todo ello es muy importante partir de una buena base y poseer recursos personales. Para poder comprender la envidia como algo saludable, estimulante e inofensivo, debemos, ante todo, conocer la respuesta a estas cuatro preguntas:

- ¿Quién soy?
- ¿Quién quiero ser?
- ¿Qué me hace realmente feliz?
- ¿Cómo puedo mejorar “quién soy yo ”para llegar a ser “quién quiero ser”?

Piensa en ellas, respóndelas. Todos somos alguien ÚNICO en el mundo, alguien exclusivo e inimitable. Para saber quien somos podemos pensar en nuestras actitudes, en nuestro entorno, en nuestros seres queridos, en nuestras ambiciones, en aquellas cosas que nos hacen sentir bien, etc... Y a partir de aquí podemos pensar qué queremos mejorar de cara al futuro, siempre partiendo de quien somos AHORA.



Consulta privada Mª Teresa Mata, psicoterapeuta y fisioterapeuta.


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viernes, 27 de abril de 2007

NO TENDRÍA QUE HABER HECHO...







Sólo pensaba en aquel chocolate belga tan delicioso: estaba disfrutando de un apasionante episodio de CSI y una vocecita me susurraba al oído: levántate y coge un trocito, tranquila, sólo será uno. Al principio mi conciencia decía: “no, siempre dices que no comerás y terminas por fulminar media tableta”, pero a medida que pasaba el tiempo ésta perdía protagonismo y una fuerza mucho más impulsiva y decidida acababa imponiendo la ley por todos conocida de: “mañana voy al gimnasio y lo quemo todo”.

Así empezaba un nuevo capítulo de REMORDIMIENTOS, aquellos pensamientos que atormentan nuestra conciencia después de un acto que no nos satisface, y por ello nos castigamos y culpamos.
En el momento en que nuestras acciones no nos realizan como personas y retroalimentan aquella imagen que evitamos llegar a ser ( por ejemplo la imagen de un mentiroso), aparecen los remordimientos de conciencia.

Podemos sentir remordimientos si hemos hecho mal una tarea por falta de ganas, si no hemos estudiado bastante para un examen, si no hemos cumplido con nuestra palabra, si hemos engañado a alguien o no le hemos dicho toda la verdad, etc.

Los remordimientos provocan en nosotros un estado de malestar momentáneo que nos atormenta i nos impide estar tranquilos y pensar con claridad. Este malestar genera ansiedad y la ansiedad se exterioriza a modo de agitación, aumento de la frecuencia respiratoria y cardiaca, dolores de cabeza y tensión muscular.
Dependiendo de nuestra forma de ser y de afrontar los problemas, la ansiedad que genera el remordimiento pasará fácilmente desapercibida o irá en aumento, viniendo acompañada de pensamientos repetitivos y autodestructivos que no nos dejaran conciliar el sueño.

Las personalidades más obsesivas o depresivas serán aquellas que padezcan las consecuencias del remordimiento en mayor grado. Las personas obsesivas repiten continuamente ideas y pensamientos que les llevan a un estado continuo de duda, y las personas depresivas fácilmente pueden presentar sentimientos de culpabilidad e inferioridad que no les dejen actuar con seguridad. Así pues, todos ellos tenderán a “dar más vueltas” a los asuntos que no les satisfacen y sus remordimientos estarán en continua ebullición.


Para no tener remordimientos el primer paso es actuar en consonancia a nuestras creencias, valores y objetivos; por ejemplo, si mi objetivo es aprobar un examen, sentiré que he hecho lo que debía si estudio. Pero a veces, puede que sintamos remordimientos aún haber actuado correctamente, pero por miedo al fracaso, estos nos persiguen y corroen nuestra conciencia. Nuestros recursos personales pueden ayudarnos a no sentir remordimientos “infundados” y a estar más seguros de nosotros mismos. La autoestima es, como siempre, el recurso principal y con ella no dudaremos de nuestras acciones cuando sea innecesario.



En definitiva, los remordimientos de conciencia no dependen tanto del hecho que los provoca sino de la elaboración que hace el propio individuo del mismo. La psique es única para cada ser humano y nunca podremos terminar de comprenderla. La conciencia, a su vez, contempla toda una serie de valores morales que también serán decisivos a la hora de sentir o no remordimientos, y puede que algunas mentes frías y retorcidas nunca lleguen a saber de que se tratan.

El ser humano es un ser racional y a la vez débil por naturaleza. Si conseguimos equilibrar la balanza entre razón y corazón podremos afrontar las metas que nos propone la vida de una forma saludable y tendremos los recursos necesarios para superarlas sin necesidad de dudar continuamente de nuestros actos.

Haz que los remordimientos sean un instrumento para reflexionar sobre aquello que nos descontenta y para mejorar y madurar como persona...No los conviertas en tu peor enemigo.




Consulta privada Mª Teresa Mata, psicoterapeuta y fisioterapeuta.

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jueves, 29 de marzo de 2007

¡ QUÉ RABIA !



Felix, 37 años

“Estoy indignado. Llego a la oficina y mi compañero parece que finalmente no ha terminado correctamente su parte del proyecto. Yo he estado días enteros trabajando, y ahora no podemos pasar a la siguiente fase porque falta terminar la primera. Empiezo a escuchar sus explicaciones pero pasados dos minutos no lo soporto más. Mi tono de voz empieza a aumentar y con él la falta de respeto y las malas palabras. He perdido la lucidez y la capacidad de escucha y comprensión por completo. Me siento muy tenso y mi cabeza va a estallar. Paso todo el día nervioso, mi estómago se cierra y el malestar general aumenta. Finalmente no hemos avanzado el proyecto, he perdido los papeles y no he podido concentrarme de nuevo. Necesito irme a casa”.

Carmen, 44 años


“Tengo que levantarme pronto para hacer el desayuno de los niños y poner la lavadora antes de llevarlos al colegio. Iré a trabajar y saldré al mediodía para ir a buscar al pequeño. Por la tarde quiero tener tiempo para hacer la compra e ir al gimnasio, pero a las 8.30 debo estar en casa ya que tenemos una reunión de vecinos. Además, se me olvidaba, el mayor tiene partido y no me gusta que vuelva solo a esas horas, tendré que pasar a recogerlo con el coche. Ah, también se me olvidaba, la cena tiene que estar hecha antes de las 10…Quiero abarcar todo lo que me propongo durante el día y empiezo a enfadarme conmigo misma si no lo consigo. Hoy estoy muy cansada después de una dura jornada laboral y me faltan fuerzas para ir a hacer deporte, pero me pondo aún más nerviosa si no lo hago. Quería llegar a tiempo para comprar pescado fresco y a estas horas de la tarde ya no queda nada de provecho. Me pongo rabiosa, he dejado a medias lo que estaba haciendo para llegar a tiempo. Llego a casa estresada y lo pago con mi marido y los niños. Estoy que echo chispas, salto a la primera de cambio. Me enfado porque ellos no me ayudan en nada, pero realmente la que no deja que me ayuden soy yo. Hace tiempo que padezco migrañas y dolores de espalda. Estos se agravan cuando no puedo asumir todo aquello que me propongo”.

Cuando nos enfrentamos a alguien y perdemos la calma, cuando alzamos la voz, perdemos la lucidez y dejamos de escuchar y dejamos de razonar, cuando nos marcamos objetivos muy altos y no llegamos a conseguirlos, cuando queremos abarcar más de lo que podemos, etc. En todas estas ocasiones la rabia se vuelve contra nosotros y se convierte en una emoción AUTODESTRUCTIVA.

La rabia es un sentimiento necesario para hacer frente a la vida y si la utilizamos de forma constructiva puede ayudarnos a liberar energías, activarnos y hasta puede ser un incentivo a la hora de buscar soluciones a un problema. La rabia moderada puede ayudarnos a expresar libremente nuestros sentimientos y a reflexionar sobre nuestro comportamiento y el de los demás. Actuar desde la calma favorece solucionar cualquier cuestión y despertar el ingenio necesario para conseguirlo.

La rabia autodestructiva nubla nuestra mente, nos incapacita para seguir adelante y toma el control de nuestra vida. El no soportar algunas situaciones puede desencadenar este sentimiento de rabia, y en el momento que nos domina y arrastra, se convierte en rabia autodestructiva.

El resultado de esta rabia puede ser la “autodestrucción física” del individuo al que llamaremos síntoma y concretamente, SOMATIZACIÓN.


De las somatizaciones hemos hablado anteriormente aquí en el Diván. Recordemos de que se tratan:

La somatización es el idioma con el que las personas con problemas emocionales y psicosociales articulan su malestar, a través principalmente de síntomas físicos, para los que no se encuentra una explicación médica suficiente; o si la hay, los signos encontrados no son en ningún modo proporcionales a las quejas del sujeto.

Veamos algunas somatizaciones fruto de una mala canalización de la rabia:

- Problemas digestivos tales como gastritis, enlentecimiento de la digestión, problemas de hígado y colesterol alto.

- Migrañas y dolor de cabeza en general

- Dolores musculares, especialmente dolores cervicales. La rabia mal canalizada puede ponerse en nuestra contra y producir contracturas y tensiones musculares. El aumento de la musculatura próxima al occipital puede provocar engarrotamiento del cuello, mareos, desorientación, cefaleas, vista nublada, etc.

- Problemas cardiovasculares. Las personas con un patrón de conducta agresivo sufren mayor riesgo de sufrir problemas coronarios.


¿ Cómo podemos controlar esta rabia ?

- Expresando aquello que sentimos en situaciones límite a nuestros seres queridos. Muchas veces, las personas más cercanas son las que pagan con creces nuestros excesos. Es importante que expliquemos qué nos hace salir de nuestras casillas y cómo nos sentimos al respecto

- Pidiendo perdón cuando sintamos que nos hemos excedido. Esto puede ayudarnos a recobrar la tranquilidad y paz interior.

- Haciendo uso de la Inteligencia emocional. Tener inteligencia emocional significa poseer autocontrol emocional, empatía y habilidades sociales. De todo ello ya hablamos en nuestro anterior post “Inteligencia emocional, la clave del éxito”.

Puedes visitarlo en : http://eldivandigital.blogspot.com/2006_11_01_archive.html


Así pues, no es cuestión de eliminar la rabia sino más bien de aprender a canalizarla. Utiliza este sentimiento como potencial para mejorar tus actividades diarias y conseguir tus objetivos. "Rabía" sanamente y se tú el que controle tu vida.



Consulta privada Mª Teresa Mata, psicoterapeuta y fisioterapeuta.

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martes, 28 de noviembre de 2006

Autocontrol emocional




”Es la habilidad de controlar nuestras propias emociones e impulsos para adecuarlos a un objetivo, de responsabilizarse de los propios actos, de pensar antes de actuar y de evitar los juicios prematuros.”



Así anunciábamos en el post anterior uno de los cinco factores que componen la inteligencia emocional según Goleman.

¿Cómo podemos lograr obtener un mayor control en nosotros mismos?

Verbalizar, es decir, expresar con palabras lo que sentimos, puede ayudarnos a tomar las riendas, ser los amos de nuestras emociones y conducir nuestra propia vida.
Hasta que no exterioricemos estos pensamientos y no sepamos ponerle nombre y apellidos (sea cual sea, sin miedo), no seremos nosotros quienes los controlemos y quizás serán ellos los autogobiernen en nuestro interior.

Por otro lado, es importante razonar los pensamientos y adoptar una actitud crítica. Cuando algo nos preocupa en exceso, nuestros miedos no responden a la realidad que vivimos ( normalmente por exceso ) o en definitiva, los temores nos impiden llevar una vida normal, debemos preguntarnos:





  • ¿Realmente, existe alguna posibilidad de que mis miedos se cumplan?
  • ¿Qué es lo peor que podría ocurrir ante esta situación que me preocupa?
  • ¿Qué puedo hacer realmente para proponer una solución constructiva?
  • ¿ Seguir pensando en el miedo y no en las soluciones, provoca en mi algún cambio positivo?


El análisis de las situaciones que nos preocupan es importante para tomar el autocontrol de nuestros pensamientos. Si nosotros aprendemos a repasar el problema mentalmente con detenimiento y a objetivar, construiremos soluciones más efectivas y, en definitiva, nos prepararemos para retos futuros.

Para Analizar una situación desadaptativa y aprender a razonar sobre ella, puede servirnos el siguiente esquema:

  1. Ver en qué situación estamos
  2. Qúe emoción nos despierta dicha situación
  3. Cuál es el pensamiento automático que aparece (inmediato)
  4. Qué pensamiento racional puede ser el alternativo
  5. Qúe emociones adaptativas aparecen con este nuevo pensamiento racional.

Pongamos un ejemplo:

  1. Situación: Mi pareja llega tarde otra vez, es el tercer día que ocurre esto después del trabajo
  2. Emociones: Celos, rabia, sentimiento de engaño
  3. Pensamiento automático: " Me engaña"
  4. Pensamiento adaptativo: " No me responde al teléfono, pero de hecho, cuando está reunido no puede hacerlo. Además, parce que estas semanas son más duras y hay más trabajo; posiblemente esta sea la causa de su retraso"
  5. Emociones adaptativas: Emociones sanas en las que no haya reproches, sensaciones de bienestar personal y de comprensión hacia la pareja : tranquilidad, serenidad, seguridad.

El autocontrol es uno de los pilares más importantes de la inteligencia emocional; es la clave para conocerse a uno mismo y demostrarlo a los demás.

Aprender a tomar el control no es fácil, en algunos momentos es posible que lo perdamos, pero lo más importante es tener los instrumentos (inteligencia emocional) para reencaminar el conflicto y buscar una solución constructiva. Así pues, una solución constructiva será aquella que permita la maduración del individuo, un aprendizaje, y un crecimiento personal sín límites.




Consulta privada Mª Teresa Mata, psicoterapeuta y fisioterapeuta.


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viernes, 24 de noviembre de 2006

INTELIGENCIA EMOCIONAL, la clave del éxito





El coeficiente intelectual no es la única garantía de éxito en el ámbito profesional o social. La capacidad de conocernos a nosotros mismos, de expresar nuestras emociones y de entender las de las personas que nos rodean, ayuda a relacionarnos mejor con nuestro entorno familiar, laboral y social en general.





Por ejemplo en el mundo comercial, la clave del éxito está en el grado en que los trabajadores de una empresa conozcan y controlen sus emociones y sepan reconocer los sentimientos de los clientes a la hora de hacer sus ventas.

Así pues, las personas no somos robots que únicamente almacenan información, sino que somos seres racionales y emocionales preparados para pensar, capacitados para la introspección de nuestro interior y hábiles para comprender y responder a nuestro entorno.


¿ Qué es la inteligencia emocional ?


La inteligencia emocional es un conjunto de destrezas, actitudes, habilidades y competencias que determinan la conducta de un individuo y que puede definirse como la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones sociales.




Al contrario de lo que ocurre con el coeficiente intelectual, la inteligencia emocional no se establece al nacer, sino que se puede alimentar y fortalecer a través de una combinación del temperamento innato y las experiencias de la vida ( sobretodo de la infancia ). Así pues, desde niños se deberían aprender nociones emocionales básicas.

¿Cuáles son los principales componentes de la inteligencia emocional?

Según Daniel Goleman, la inteligencia emocional se compone de los siguientes factores:

Autoconocimiento emocional

Es el conocimiento de nuestras propias emociones y de cómo nos afectan a nosotros y a nuestro entorno.

Esta competencia se manifiesta en personas con habilidades para juzgarse a sí mismas de forma realista, que son conscientes de sus propias limitaciones y admiten con sinceridad sus errores, que son sensibles al aprendizaje y que poseen un alto grado confianza.

Autocontrol emocional

Es la habilidad de controlar nuestras propias emociones e impulsos para adecuarlos a un objetivo, de responsabilizarse de los propios actos, de pensar antes de actuar y de evitar los juicios prematuros.

Las personas que poseen esta competencia son sinceras e íntegras, controlan el estrés y la ansiedad ante situaciones comprometidas y son flexibles ante los cambios o las nuevas ideas.

Automotivación

Es la habilidad de estar en un estado de continua búsqueda y persistencia en la consecución de los objetivos, haciendo frente a los problemas y encontrando soluciones.

La automotivación se manifiesta en las personas que muestran un gran entusiasmo por su trabajo y por el logro de las metas por encima de la simple recompensa económica, con un alto grado de iniciativa y compromiso, y con gran capacidad optimista en la consecución de sus objetivos.

Empatía

Es la capacidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, poniéndose en su lugar ,y respondiendo correctamente a sus reacciones emocionales.

El reconocer aquello que los demás sienten y que se puede expresar por un gesto o por ejemplo, por una mala contestación, nos puede ayudar a establecer lazos mas reales y duraderos con las personas de nuestro entorno.

Relaciones interpersonales (o habilidades sociales)

Es el talento en el manejo de las relaciones con los demás, en saber persuadir e influenciar al resto.

Quienes poseen habilidades sociales son excelentes negociadores, tienen una gran capacidad para liderar grupos y para dirigir cambios, y son capaces de trabajar colaborando en un equipo y creando sinergias grupales.


Así pues, haciendo referencia a los anteriores post dónde hablábamos de los desequilibrios emocionales y las relaciones con el entorno, podemos añadir que a mayor inteligencia emocional: mayor capacidad para el autocontrol, mayor capacidad para establecer relaciones sociales sanas, y su vez, mayor empatía por parte de la persona que padece el problema y por parte del entorno de dicha persona.

Saber entender a alguien cuando no encuentra recursos para librarse de una situación escabrosa, comprender sus miedos, ponerse en su piel e imaginar qué pensamientos pueden pasar por su mente, verbalizar sus sensaciones cuando nos explique su historia a modo de responder con adjetivos que se ajusten a su relato ( en lugar de responder un “sí, sí, te entiendo” a secas ), etc., pueden servir de gran ayuda para aquel individuo que se encuentre totalmente desorientado y sin apoyo alguno.



Hay muchas formas inteligentes de responder a las pruebas que nos propone la vida. Para ello, ¿ seguimos pensando que es más eficiente quien más sabe ?







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