miércoles, 22 de diciembre de 2010

Una caja muy especial




Cuento de Navidad. Jorge Bucay.

La Navidad ya está aquí. Las calles están preciosas, a pesar del frío da gusto pasear por las zonas comerciales y contemplar la magnífica iluminación que alegra estos días la ciudad. Son muchos los que ya han puesto el árbol en la entrada acompañado del pesebre, los más previsores se han adelantado a las interminables colas de última hora y ya han comprado los regalos para toda la familia, todos en el trabajo ya tienen el décimo de lotería en mano esperando que la suerte este año les sonría, y las “cabezas” de familia estos días han pasado un buen rato en la cocina preparando el delicioso manjar con el que deleitar a sus seres queridos.

No hay duda, la Navidad ya está aquí, y con ella las ganas de disfrutar de estos días con los nuestros, de despedir el 2010 con amor y de iniciar el 2011 con ilusión y nuevos propósitos.

Cada uno de nosotros busca en la Navidad un sentido para vivirla de forma especial. Jorge Bucay nos habla de ella en un precioso cuento titulado “Cuento de Navidad”, sin duda, un gran relato que recuerda aquellas pequeñas cosas tan importantes que nunca debemos olvidar.


Os invitamos a leerlo y a reflexionar sobre su mensaje:

En una casa más o menos humilde de un país cualquiera vivía una familia compuesta por el matrimonio y sus dos hijos. Juan el hijo mayor de 24 años, casi abogado y Priscila, la pequeña de apenas 4 añitos.
Al acercarse la navidad el padre había comprado un rollo de cinco metros de papel metalizado para poder envolver los regalos antes de ponerlos en el modesto arbolito, armado desde principios de diciembre en la entrada de la casa. El 23 en la noche, el hombre se decidió a empaquetar los regalos, más simbólicos que valiosos, para Nochebuena. Qué desagradable sorpresa fue encontrar en el estante del ropero, el tubo de cartón donde venía enrollado el papel metalizado, desnudo de los cinco metros del costosísimo papel de envoltura.
El dinero era bastante escaso en la familia y posiblemente por eso, a pesar de lo avanzado de la hora el señor explotó de furia y mandó a llamar a su familia para ver quién había utilizado el papel que él compro para los regalos. La pequeña Priscila apareció con la cabeza gacha para decirle a su padre que ella lo había usado.

-¿Pero no te das cuenta que ese papel es muy caro y que tu papa tuvo que trabajar varios días para comprarlo?; ¿Podrías decirme para qué tontería usaste el papel metalizado?

La niña salió corriendo y regresó con un paquete del tamaño de una caja de zapatos, envuelta con varias capas del costoso papel, ahora arrugado e inutilizable.

-¿No te dijo tu madre que no debes tocar las cosas de los mayores para tus juegos? ¿Cómo se te ocurre envolver esa caja con cinco metros de papel dorado?

-Es un regalo de navidad, papá- dijo Priscila- para el arbolito.

-¿Y se puede saber para quien es este regalo tan valioso como para usar todo el rollo de papel en envolverlo?

- ¿Y para quien va a ser?, para vos, papá.

El hombre se enterneció y abrazándola le pidió disculpas por los gritos. Como nos sucede a todos, con el regalo en las manos quiso saber qué contenía y le pidió a la pequeña permiso para abrirlo. Poco después el hombre volvía a explotar:

-Cuando das un regalo a alguien se supone que debe haber algo adentro. ¿Usaste ese papel para envolver una caja vacía?

A la pequeña se le llenaron de lágrimas los ojos y dijo:

-Es que la caja no está vacía, papá, yo soplé adentro cincuenta y ocho besos para vos.

El padre alzó a la niña y le suplicó que perdonara su ceguera y su ignorancia. Dicen que el hombre guardó para siempre la caja debajo de su cama y que siempre que se sentía derrumbado, abría la caja y tomaba de ella un beso de su hija. Esto lo ayudaba a recuperar la conciencia de lo que era importante y de lo que sólo eran tonterías.

El amor sigue siendo el gran protagonista de estos días, y por ello, es siempre el más preciado regalo.

Obsequia a los tuyos con una “caja de besos” y recuérdales que pueden abrirla siempre que lo necesiten. En esta preciada “caja” quedará grabado el cariño y la estima que tienes por ellos, el apoyo que puedes prestarles siempre que lo necesiten, tus ganas por estar a su lado, por hablar con ellos, por escucharles,…tus ganas por quererles.

Y recuerda, todos los días pueden ser Navidad, siempre puedes regalar una “caja de besos”, no lo olvides.

FELICES FIESTAS


Mª Teresa Mata. Psicoterapeuta y fisioterapeuta.
Consulta privada en:



Institut Mensalus. C/Santa Magdalena 5, Bajos.
Barcelona, 08012 - Junto salida de metro Fontana - L3.
Tel. 932 371 916


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domingo, 2 de marzo de 2008


Los cuentos del Diván

MILAGROSAS




Tenía el aspecto de una vieja farmacia de barrio, el propietario vestía bata blanca y las estanterías estaban repletas de cajas con sus respectivos medicamentos. Aparentemente aquel pequeño establecimiento no tenía nada de especial, pero mi gran sorpresa fue cuando entré en el interior y escuché las conversaciones del señor licenciado con los compradores.


- Bien señora, y exactamente, ¿Cuál es su problema?

- Mire, desde que vinimos a vivir a la ciudad, siento miedo cada vez que me dispongo a coger el 48 de vuelta a casa. Durante todo el trayecto lo paso muy mal, y cuando llego a mi parada, cruzar la calle y andar sola hasta casa cada vez me resulta más difícil. Temo que alguien pueda robarme o lastimarme.

- Entiendo, mmm...y por las noches, ¿Qué tal duerme?

- Últimamente duermo muy mal. No termino de sentirme segura aquí en la ciudad, y con tantas cosas que escuchas por televisión, al final, es imposible conciliar el sueño.

- De acuerdo. Tómese una de estas una vez al día antes de ir a dormir y los sobrecitos que ahora mismo le traeré, tres veces al día. Ya verá como en menos de dos semanas recuperará la seguridad que necesita para sentirse bien en el barrio, tanto de día como de noche.

- Muchísimas gracias. Una amiga me recomendó este establecimiento. Ella tenía un miedo terrible a las palomas y cada vez que pasaba por el centro, evitaba las plazas y los parques para así no encontrarlas. Desde hace un mes, puede pasear con total tranquilidad con sus dos hijos sin problema.

- Me alegro mucho por su amiga, y recuerde, no olvide tomar las dosis que le he apuntado; con ellas el miedo está curado. Tenga usted un buen día.

¿Pastillas para vencer el miedo? ¿Sobrecitos para sentirse segura de vuelta a casa por las noches? Resultaba extraño que aquel señor le recomendara con tanta seguridad aquellas cajas de medicamentos, y que problemas de este tipo tuvieran tan fácil remedio. Permanecí de pié esperando mi turno y mientras, escuche la petición del señor de la camisa azul que tenía delante

- Buenos días Ramón, veo que hoy sales pronto del trabajo. ¿Vienes a buscar las cápsulas para tu mujer?


- Hola Antonio, bien, esta vez no he venido por mi mujer...De hecho, ella ya está mucho mejor.


- A ver, cuéntame


- Mira, desde que tuve aquel accidente en el trabajo, no estoy tranquilo. Me pongo muy ansioso cada vez que tengo que coger de nuevo la furgoneta y subir la cuesta del almacén; la verdad es que ya no maniobro con tanta seguridad, y de hecho, el otro día, empecé a sentir cierta sensación de malestar cuando intentaba trasladar la mercancía hasta el interior. No se Antonio, primero no había hecho mucho caso de este malestar, pero estos últimos días he dormido muy nervioso y me he levantado aún peor. Tengo miedo de cometer algún error y que alguien salga perjudicado por mi culpa.


- Tranquilo Ramón, todo el mundo puede cometer errores, y la mejor forma de prevenirlos es sintiéndose seguro. Tú eres muy bueno en tu trabajo, no lo has dejado de ser de un día para otro.


- Sí, pero el malestar que sentí el otro día...Sentí un fuerte dolor de estómago y un sudor frío que recorría todo mi cuerpo, no podía pensar, mi corazón se aceleraba y el malestar iba en aumento. No se, tengo miedo de encontrarme mal en un momento dado y no poder reaccionar.


- Bien Ramón, necesitas hacer tratamiento unas tres semanas. Tómate las de color rosado cada mañana antes de entrar a trabajar, con mucho agua y un desayuno bien completo. En unos 5 o 6 días ya empezarás a notar sus beneficios, y ya verás como con ellas no tendrás ningún problema para conducir la furgoneta, y mucho menos dolores de estómago o sudores. Mantén siempre bien ventilado el habitáculo y sobretodo, no duermas menos de ocho horas al día.


- Muchas gracias Antonio. Mi mujer está tan contenta con las pastillas que le recomendaste que ahora descansa de maravilla, y por ello pensé que también podrías ayudarme.


- Por supuesto Ramón, ven dentro de 21 días y me cuentas qué tal estás, hasta pronto.

Más asombrado que al principio, me pregunté en qué tipo de farmacia me había metido, y sobretodo, ¿quién era aquel hombre de la bata blanca? Aún tenía un señor por delante de mí, este, sorprendentemente, pidió lo siguiente:

- Buenos días Antonio, vengo a por una pastilla para volar


- Hombre, ¿qué tal estás? ¿Cómo fue tu viaje por Roma?


- Precioso, nos hospedamos en un hotel cerca de la Fontana di Trevi, precioso. A Marisa le encantó, ella tampoco había estado nunca.


- Es que últimamente no paráis eh.


- La verdad es que no. Desde que puedo coger el avión, hemos recorrido toda Europa. Hoy, de todos modos, vengo a buscar una pastilla por motivos de trabajo; mañana tengo que visitar una empresa en Bruselas.


- Bueno, aquí tienes las dos grageas. Recuerda tomarlas antes de embarcar y no esperes a estar dentro del avión para ello.


- Muchas gracias Antonio, te debo la vida...No sabes lo tranquilo que ahora viajo.


- De nada Rubén. Y ya sabes, estamos aquí para lo que necesites.


Ahora era mi turno. No podía para de pensar en todas aquellas personas: la señora que temía ir sola de noche, su amiga que tenía fobia a las palomas, el otro señor que sentía malestar al conducir su furgoneta y finalmente un ejecutivo con maletín que hasta hace poco no podía coger el avión. ¿Qué vendía aquel hombre? ¿ Se trataba de algún tipo de tranquilizante, drogas quizás?

- Buenos días, ¿qué desea?


- Bien, yo sólo quería unas pastillas para el dolor de cabeza.


- Aja, y...¿Cómo es este dolor de cabeza? ¿Cuando aparece?


- Bueno, el dolor es muy intenso y aparece, mmm.... yo diría que de repente.


- ¿El fin de semana también?


- No, normalmente no. Hoy por ejemplo es muy intenso.


- Bien, a ver...cuénteme que ha hecho hoy, desde que se ha levantado hasta ahora


- ¿Quiere que le explique qué he hecho?


- Exacto


- Bueno, pues me he levantado, he tomado un café y he ido a trabajar.


- ¿Cuándo ha aparecido el dolor de cabeza?


- A media mañana


- Hasta ese momento, ¿Qué había hecho?


- Pues había estado reunido con mis superiores


- ¿ Y sobre qué habían hablado?


- Bien es difícil de explicar, digamos que sobre cambios en uno de nuestros proyectos, hace meses que estamos trabajando en ello.


- ¿Y estos cambios son responsabilidad suya?


- Sí, principalmente. Mis superiores lo supervisan pero yo soy el responsable de que estén bien hechos.


- ¿ Y hasta ahora han salido bien?


- Sí, bueno, eso espero. La persona que estaba antes no lo hizo muy bien y ahora está en la calle...Más vale que el trabajo esté bien hecho.


- Caballero, usted no necesita un tratamiento para el dolor de cabeza, necesita uno para realizar bien su trabajo con total seguridad


- Jejejeje, sí claro, y también necesito un aumento de sueldo, pero de momento ello es imposible.


- Bien, aquí tiene las pastillas, con ellas realizará bien su trabajo y no deberá temer a los errores. Puede que aparezcan complicaciones en el proyecto que está realizando, pero con 3 grageas al día tendrá la seguridad y la eficacia necesarias para solucionarlos. En cuanto al dolor de cabeza, no debe preocuparse, desaparecerá por completo

Me fui de aquella “farmacia” algo confundido, pero a su vez con las ideas más claras y más motivado que nunca. Empecé el tratamiento, y por alguna extraña razón, el dolor de cabeza desapareció y mi trabajo resultó ser más productivo que nunca. La verdad es que aquellas pastillas podían ser un medicamento milagroso o simplemente agua y azúcar, pero lo único que se es que, conforme pasaron los meses, quedé convencido de que, en realidad, puedo hacer todo aquello que me proponga.

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martes, 27 de noviembre de 2007


Los cuentos del Diván


ATORMENTADO





Era una noche de tormenta, el telenoticias ya había pronosticado fuertes lluvias para el fin de semana, y la verdad es que esta vez había acertado de lleno.
Ese sábado tarde, Andrés decidió quedarse en casa terminando “la maqueta”, un ambicioso proyecto de final de carrera que había acompañado a este joven alicantino días que sabían cuando empezaban pero no cuando terminaban.



A media tarde, Andrés se percató de un pequeño despiste; el día anterior había comprado las tablas de madera que constituirían el tejado de su “eco-edificio”, pero había olvidado los tornillos que aguantarían la placa solar. Quedaba poco tiempo para la entrega, y Andrés decidió acercarse al centro en busca del material. Él vivía a las afueras, en una pequeña urbanización. No era recomendable coger el coche un día de lluvia, y menos estando obligado a conducir por esas carreteras tan estrechas, pero el futuro ingeniero no estaba dispuesto a esperar a lunes para continuar con su obra maestra. Así pues, cogió su mochila, salió de casa, cerró la puerta con llave, se puso la capucha, y corrió hacia el coche para no mojarse. Fue entonces cuando pasó algo extraño; al intentar abrir el maletero, una intensa descarga recorrió hasta el último rincón de su cuerpo. Duró tan sólo segundo y medio, pero la sensación que experimentó fue indescriptible. Andrés no entendía como había sentido ese hormigueo entre sus piernas, ojos, párpados y orejas; se quedó petrificado en medio de la fuerte lluvia y cuando reaccionó, entró rápido al coche antes de coger un buen resfriado. Tal y como había decidido, se dirigió al centro de la ciudad, y entre colas en los grandes almacenes y la caravana de vuelta, regresó muy tarde a casa. Estaba rendido, no podía más. Llevaba toda la semana durmiendo poco y decidió acostarse pronto. A media noche, Andrés se despertó alarmado. Había tenido una terrible pesadilla; en ella, su hermana Elena sufría un accidente. Las imágenes eran aterradoras, Andrés no pudo conciliar el sueño de nuevo, y pasó toda la noche dando vueltas a aquella angustiosa pesadilla.



A la mañana siguiente, llamó alarmado a su hermana. Le advirtió sobre lo que había soñado, le explicó con pelos y señales todos los detalles, y le pidió que tuviera mucho cuidado en la carretera. El chico estaba realmente preocupado por ella, temía que algo fatídico le ocurriera del trayecto de casa al instituto.
Andrés pasó todo el día intentando contactar con Elena. Su móvil respondía con un indeseado buzón de voz, llamó a una de sus compañeras y tampoco respondía, el teléfono del instituto comunicaba continuamente, no había forma posible de saber si realmente Elena estaba a salvo. Ella no regresaría a casa hasta pasadas las 8 de la tarde, Andrés cada vez estaba más nervioso, no podía sufrir ni un minuto más tal larga espera. Finalmente, decidió salir del trabajo y dirigirse al instituto. Él también había estudiado allí y conocía muy bien la distribución de las aulas. Rápidamente subió las escaleras y se dirigió a la clase C de último curso. Pues bien, allí estaba Elena, sentada en su mesa, haciendo un ejercicio de aritmética. Andrés se puso la mano en el pecho, respiró profundamente, y sin decir nada, dio media vuelta, bajó las escaleras, y abandonó el instituto. Andrés no se podía concentrar, estaba aturdido, ¿Cómo había podido llegar a ese estado de preocupación extrema? ¿Qué le estaba ocurriendo?



Llegó la noche, con tanta agitación no había podido avanzar nada en su proyecto, y al estar cansado, decidió ir a dormir y empezar con mejor pie un nuevo día. Esa noche fue aún peor que la anterior. Andrés tuvo otra pesadilla, más intensa y más real. En esta ocasión, su amigo Pablo era el protagonista del nuevo episodio. En el sueño, Andrés veía como Pablo perdía su puesto de trabajo por culpa de las artimañas de un compañero “de confianza”, una víbora que hacía todo lo posible por apartar al “contrincante” de su camino. Con todo ello, Pablo no sólo perdía un trabajo, también perdía a su futura mujer y caía en una terrible depresión. Andrés se despertó asustado, sudoroso, y con el corazón palpitando como una bomba de relojería. Tal y como hizo con su hermana, llamó a Pablo advirtiéndole de las posibles trampas que podía preparar alguno de sus compañeros más cercanos. Pablo estaba a punto de ascender a jefe de departamento, y Andrés aseguraba que alguien haría todo lo posible por impedirlo y hundirle en la más profunda de las miserias. Su amigo no entendía este comportamiento. Él había mantenido alguna discusión con ciertos compañeros, pero simplemente por motivos estrictamente laborales. Estaba a gusto en la empresa, trabajaba duro para ganar ese ascenso, pero la verdad es que lo hacía sin demasiadas preocupaciones. Andrés insistió durante los siguientes siete, diez, quince y veinte días. Día sí y día no soñaba con su amigo, veía como sería su futuro si perdía ese puesto, creía firmemente en la idea de que nunca volvería a ser feliz, y por ello, no cesó de insistir e insistir, hasta el día en que Pablo llamó y le dijo: “¡Felicita al nuevo jefe de departamento!”.
Andrés no podía concentrarse en su proyecto, rendía poco en el trabajo y le resultaba imposible descansar por las noches. Las pesadillas continuaban: una enfermedad degenerativa terminaba con la vida de uno de los miembros de su familia, un robo arrasaba por completo la casa de sus amigos recién casados cuando estos disfrutaban de su luna de miel, su cuñada engañaba a su hermano mayor con otro hombre y llevaba dos vidas paralelas con dos familias distintas, etc. Todos los sueños se convertían en experiencias que perseguían su mente noche y día y le llevaban a una preocupación extrema. Andrés estaba desesperado, no tenía vida, no podía dejar esas pesadillas a un lado. Cada vez rendía menos en el trabajo y su director de proyecto exigía más avances y mejores resultados. Llegó el día en que se reunió con sus superiores. Andrés sabía qué le iban a decir, qué cambios debía hacer, cómo tenía que comportarse a partir de ahora, qué actitud debía tomar en el trabajo...Lo que no se esperaba era que le acompañaran a su despacho y le pidieran que recogiera definitivamente sus cosas. Estaba furioso, se sentía decepcionado consigo mismo, no podía creer lo que le había ocurrido. Con cara triste y abatida, se dirigió a la parada de autobús y se sentó cabizbajo a esperar que el 14 le trajera de nuevo a casa. Entre murmullos y golpes a una de las papeleras, se sentó a su lado un extraño hombre con un abrigo de cuadros verdes y marrones. Su aspecto era algo descuidado, llevaba barba de días y una boina que intentaba disimular el poco pelo canoso que tenía. Aún así, su rostro dibujaba una agradable sonrisa, y su mirada era cálida y amigable. De hecho, la primera impresión que tuvo Andrés al verle, fue que aquel hombre ya lo conocía de antes, su cara le resultaba muy familiar, pero no le dio más importancia y volvió a bajar la cabeza. Al cabo de cinco minutos de silencio y espera, ese extraño individuo le dijo:

- Se como te sientes.
- ¿Perdón?
- Entiendo que te sientas mal y que estés triste, perder el trabajo ha sido un golpe bajo que no te esperabas.
- Pero...Pero ¿quien es usted?
- Ha sido un golpe bajo, pero puede que a partir de hoy medites sobre qué estás haciendo con tu vida.
- ¿Con mi vida? ¿qué sabe usted de mi vida?
- Andrés, tienes que retomar las riendas, no puedes seguir así
- ¿Así como? Pero, un momento, ¿Cómo sabe usted mi nombre?
- Andrés, escucha lo que te digo. Haz frente a ellos, no dejes que ganen esta batalla.
- ¿De quien está hablando?
- Estoy hablando de tus miedos, Debes hacer frente a ellos para poder ser libre y vivir.
- Mire usted, la batalla la van a ganar los terribles sueños que me atormentan noche y día. Llevo mes y medio si descansar, augurando males y enfermedades, viendo situaciones dramáticas que pueden hacer daño a las personas que quiero,...tengo miedo de que realmente ocurra algo y de que yo no pueda hacer nada al respecto.
- Andrés, tu no tienes que hacer nada...no va a ocurrirle nada malo a tu familia, y si fuera así, no serían tus sueños los que lo advirtieran. Las pesadillas no predicen lo que puede ocurrir, simplemente muestran cuales son tus miedos.
- Pero, usted no lo entiende. En los sueños veo a mis familiares y amigos en peligro, las situaciones parecen reales, ¡puede que de alguna manera me estén advirtiendo de algo!
- En tus sueños ves a tus familiares y amigos en peligro porque es algo que temes que te ocurra a ti...Tu eras quien temía tener un accidente con el coche y la lluvia, tu eras quien temía perder el ascenso, tu eres quien tiene miedo a la enfermedad, tu temes que alguien pueda entrar a robar en tu chalet apartado de la civilización, tu temes que tu pareja te engañe y pueda llegar a abandonarte...TUS MIEDOS ESTÁN CONTROLANDO TU VIDA, TIENES QUE HACER FRENTE A ELLOS ANDRÉS.
- ¿Y usted quien es? ¿Cómo me conoce?
- Te conozco muy bien Andrés, yo soy tu consciencia.





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martes, 25 de septiembre de 2007

Los cuentos del Diván

FORTUNA


- Vaya, chica nueva en la oficina. Soy la nº 6, bienvenida a la sala.
- Buenas tardes. Sí, hoy es mi primer día, aún ando algo perdida. De momento estoy desconectada de cara al público, tan solo me han dicho que observe y aprenda.
- Pues sí, tienes mucho que aprender. Tu hoy fíjate bien en todas las personas que pasen por aquí y entre partida y partida comentamos.
- Hombre, ¿quién es esta jovencita?, ¿aún no tienes número?
- Mmm, bien, yo no...
- Empieza hoy, seguramente sea la nº 15, aún no la han conectado. Bueno, os presento: nº 15, ella es la nº 1, la traga perra más veterana de la sala.
- Hola Sra nº 1
- ¿Señora? ¡No me trates de usted por Dios! Puede que sea la más desgastada de todas, la que ha recibido más golpes y engullido más monedas, pero ...¡me queda mucho por repartir amigas!
Bueno chicas, parece que se acerca de nuevo el apuesto caballero de la camisa a rayas. Me ha dejado este vaso de JB encima y ha ido a buscar cambio. Por lo visto esta noche aún no ha tenido bastante.

Cuatro, cinco, seis, ...diez partidas y el señor de la camisa a rayas cada vez estaba de peor humor. La nº1 no paraba de reír y reír...

- Apuesto caballero, váyase usted a dormir...¡No ve que así no va a ganar nada! Lástima que no pueda oírme, en el fondo me da lástima.
- Ves nº 15, esto es lo que ocurre con los jugadores rojos, no entienden cuando es posible ganar y cuando no lo es.
- ¿Rojos?
- Sí, mmm...te lo explicaré más adelante...Mejor sigue observando. ¡Mira!, viene la señora mayor del bolso negro de piel, siempre se sienta conmigo y toma un martini con hielo. Ya verás, normalmente pasa por aquí antes de ir a la ruleta.

La señora efectivamente se sentó enfrente de la traga perra nº6. Hoy especialmente parecía más cansada que de costumbre; siempre venía muy arreglada y lucía algún vestido con zapatos de tacón, pero esta vez estaba distinta.

- Chicas, creo que esta va a ser una partida de las duras, veamos que nos cuenta.

La señora empezó a explicar lo arrepentida que estaba después de haber discutido con su hija. Se habían dicho cosas horribles a causa de un tema familiar y ahora prácticamente no se dirigían la palabra. Ella sabía que tenía parte de culpa pero le costaba entender la posición que había adoptado su hija. Aún así, deseaba arreglar aquella situación tan angustiosa pero no sabía como. De repente, se encendió una luz verde en la traga perra nº6 y obsequió a la señora con una FICHA.

- ¿Qué es lo que ha caído de la nº6? No es una moneda, ¿verdad?... ¿ y que significa la luz verde?
- ¿Moneda? Claro que no, aquí ni la ruleta, ni los dados, ni las cartas ni nosotras damos dinero. Nosotras regalamos algo mucho más valioso, ¡algo que en realidad no se puede comprar! De hecho, las monedas que utilizan las personas para jugar no tienen ningún valor, son simples fichas.
- No entiendo nada, ¿ Fichas? Pero...¿ De dónde las sacan?
- Todo el mundo puede obtener fichas en recepción y entrar en esta sala...Tan solo deben tener un MOTIVO para querer jugar, o mejor dicho HABLAR.
- ¿ A que te refieres con hablar?
- Observa a tu alrededor y fíjate en todos los jugadores...¿ Qué hacen?

La novata de las traga perras giró su mirada y comprobó que el ruido que se escuchaba no eran personas que dialogaban entre si, sino con sus respectivos juegos o máquinas! Además, cada vez que jugaban una ficha e iniciaban conversación, posteriormente se encendía una luz, verde o roja.

- Es cierto, todos hablan con sus traga perras, con la baraja de cartas, ¡con los dados!
- Exacto nº 15, todos exponen un problema e intentan buscar un camino de solución ellos mismos. Si encuentran un buen camino, nosotros encendemos la luz verde y les damos el instrumento necesario para conseguirlo. Si por el contrario su camino no es válido, encendemos la luz roja y no le obsequiamos con nada.
- Y por ejemplo, ¿ qué camino sería incorrecto para que vosotras encendierais la luz roja?
- ¿Recuerdas el señor de la camisa a rayas que se sentó con la nº 1? Bien, este señor semana tras semana viene y expone la misma problemática. Él y su pareja están a punto de separarse. Parece ser que ella desea trabajar fuera de casa después de haber estado más de diez años como ama de casa. Él no entiende su postura y se niega a entrar en razón. En realidad le pide a la traga perra nº1 que quite a su mujer estas ideas de la cabeza, pero lo que no entiende es que el primer paso es escucharla, entender porqué para ella es importante trabajar fuera y buscar una nueva forma de organizar las tareas del hogar. Por ello después de hablar y hablar siempre recibe como respuesta una luz ROJA. Esperemos que finalmente encuentre el modo de obtener nuestra ayuda.
- y la señora mayor...¿Con qué la has obsequiado?
- Aquella señora hace tiempo que tiene discute y discute con sus dos hijas hasta que una de ellas le ha negado la palabra. Ahora esta madre se ha dado cuenta que aún no estar de acuerdo con algunas decisiones de sus hijas, desea entenderlas y volver a estar cerca de ellas, y por ello yo le he regalado la ficha del diálogo, la comunicación y la escucha empática, pack que muchas veces sirve de ayuda a aquellos que realmente desean solucionar los problemas de una forma racional y respetuosa.
- Bueno novata, ¿qué tal tu primera hora en la sala de juegos? Ahora habrás entendido porque no te habían conectado de cara al público desde el principio. Tu misión en este equipo va a ser un trabajo muy importante y de gran ayuda. Tu y tus fichas podeis proporcionar los instrumentos necesarios a aquellas personas que entiendan como utilizarlos, y de este modo, colaborarás a que consigan reencaminar sus vidas. Esta es una sala de juegos, pero nadie busca "fortuna"... todo el mundo viene a ganar FELICIDAD.

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miércoles, 13 de junio de 2007

Los cuentos del Diván
Algo más que zapatos




Marisa buscaba trabajo y parecía que la nueva zapatería del barrio le daría una oportunidad.
Un día antes de su inauguración, Agatha, la dueña del negocio, le mostró como había quedado la “boutique”.
El escaparate era increíble. Los zapatos estaban colocados encima de pequeñas plataformas vestidas de terciopelo, mientras una decena de focos los iluminaban como si de estrellas de hollywood se tratasen.
El interior tenía cuidado hasta el último detalle. Cómodos sofás de estilo neomodernista permitirían a los señores clientes relajarse con un sonido instrumental exquisito mientras decidían su compra.

Ya estaba todo a punto. La nueva zapatería abrió sus puertas e invitó a todos los vecinos a una copa de cava para celebrarlo.

Dolores, la dueña de la pescadería de enfrente, entró cinco minutos para buscar algún zapato de vestir para los fines de semana. Agatha observó en ella una mirada triste y apagada. Parecía cansada y su intención era comprar el primer par de zapatos negros que encontrara. Agatha la invitó a sentarse tranquilamente y tomarse la copa de cava como el resto de vecinos. Dolores le comentó que tenía mucho trabajo en la pescadería y que no podía entretenerse demasiado. Su aspecto era descuidado, nunca encontraba tiempo para dedicarse a ella misma. Agatha le aseguró que sabía lo que necesitaba, y le mostró un par de zapatos de ensueño: color rojo, tacón alto, muy atrevidos y con el talón ligeramente destapado. Dolores le respondió que eran preciosos, pero que ella no tenía ninguna oportunidad para llevarlos. Esos zapatos eran ideales para salir al cine, al teatro o a bailar, y hacía tiempo que su marido no le proponía hacer nada de todo eso. Explicó que él siempre llegaba tarde por las noches y que los fines de semana se los pasaba descansando en el sofá. Ella ya había adoptado también una postura parecida y dejaba el salir a divertirse para los jóvenes. Agatha le respondió que ella aún era joven y le aseguró que esos zapatos cambiarían los fines de semana a partir de ahora. “Pruébelos siete días y el martes que viene nos dice el resultado”.

Al cabo de una semana dolores volvió con una sonrisa de oreja a oreja. Explicó que con esos zapatos su marido le había propuesto ir a cenar a un buen restaurante y ver un espectáculo. Se sentía atractiva y bien consigo misma, parecía otra. Dio las gracias a Agatha por aquellos zapatos “milagrosos” que le habían devuelto las ganas de disfrutar.
Marisa, la nueva trabajadora, no podía creerlo. Le preguntó a Agatha qué había ocurrido para que se diera ese cambió y ella le respondió que continuara observando, aún le faltaba mucho por aprender.

Por la exitosa zapatería también pasó Miguel, un joven ingeniero que vivía en una casa a las afueras. Entró cinco minutos antes de cerrar. Se disculpó ir tan tarde y se excusó con su apretada agenda que no le permitía ir a ninguna otra hora. Agatha lo notó muy tenso. Se sentó en la punta del sofá con un pie casi en la calle, para comprar rápido y salir corriendo del local; quería llegar rápido a casa para continuar trabajando con el portátil. Ella le invitó a reposar en aquel cómodo asiento y le preguntó qué hacía cuando llegaba a casa. Él le respondió que preparaba una cena rápida y al mismo tiempo se ponía a trabajar. Algunas veces lo hacía vestido con la ropa del trabajo para no perder tiempo. También le comentó que intentaba terminar lo antes posible para así ir rápido a dormir. Hacía unos meses que padecía migraña y tomaba una medicación para aliviarla, pero ya no sabía qué hacer, los dolores de cabeza persistían.
Agatha le mostró unas zapatillas “antimigraña” que le solucionarían el problema. Eran amplias y muy blandas, el confort que proporcionaban era increíble. El único requisito para que la migraña desapareciera era dejarlas cada día en la entrada de casa. Así lo hizo Miguel, y al cabo de dos semanas volvió a la zapatería encantado. Había dejado las pastillas para los dolores de cabeza, se levantaba cada mañana descansado y con fuerzas para afrontar el día. Dio las gracias a Agatha por haberle devuelto una vida saludable.

Parecía increíble, ¿qué estaba ocurriendo con aquellos clientes?, ¿qué tenían esos zapatos? Marisa seguía sin comprender nada.

Otro de los vecinos, Néstor, residía a una manzana de la zapatería. Los días de Néstor eran todos iguales. Vivía solo en el barrio y trabajaba como traductor desde casa. La monotonía de cada jornada no dejaba rienda suelta a motivarse por nada. Llegó un punto en que solo salía de casa para comprar y hacer algún recado, todo su mundo estaba en las traducciones y su afición por ver documentales de viajes.
Un día fue a comprar el pan y se detuvo en frente del espectacular escaparate del que todo el mundo hablaba. Agatha vio que Néstor se fijaba en unas botas de montaña y le preguntó si era aficionado al senderismo o algún deporte de aventura. Él le respondió que ni mucho menos, su única afición era “escalar montañas” desde el sillón de casa, y bien, de joven sí había hecho alguna excursión con los compañeros de la universidad, pero ahora ya había perdido el contacto con ellos y no se relacionaba con nadie que tuviera aficiones de este tipo. De hecho, a penas se relacionaba con nadie, solo con “amigos virtuales”.
Agatha le animó a llevarse aquellas botas y le aseguró que con ellas compraba el espíritu aventurero que todos estos años había permanecido dormido.
Néstor volvió a la zapatería al cabo de un mes. Había pasado el fin de semana con dos amigos en la montaña y ahora estaban preparando un viaje para el mes de vacaciones. El traductor, ahora de aventuras, dio las gracias a Agatha por haber encontrado una nueva emoción.
Marisa pidió a su jefa una explicación. Quería saber qué tenían esos zapatos que cambiaban la vida de los vecinos.

Agatha le respondió:

“ ¿Recuerdas la Sra Dolores, la pescadera? Ella nunca se arreglaba y cada fin de semana veía a su marido en el sofá sin ganas de hacer nada. Los zapatos rojos de tacón alto eran elegantes y atrevidos y tuvo que conjuntarlos con algún bonito vestido, uno de aquellos que hacía años que no se atrevía a poner. Al mirarse al espejo y verse tan elegante, se peinó, pintó, y propuso a su marido salir a pasear. Él, al verla tan atractiva, entendió que tenían que ir a algún sitio especial y después de una buena cena se animaron a ir al teatro. Lo pasaron en grande y seguramente decidieron repetir este tipo de salidas una vez al mes.

En cuanto a Miguel, el ingeniero con migraña, era un chico que nunca descansaba. Seguramente llegaba a casa y ni tan solo se sacaba los zapatos. Iba directamente a la cocina, preparaba una pizza y se sentaba delante del portátil. Al dejar las zapatillas en frente de la puerta principal, cada día eran lo primero que se encontraba al entrar. La comodidad y el bienestar que le proporcionaban le invitaban a cambiar el traje por el chándal y preparar la cena relajadamente mientras desconectaba un rato del ajetreo del día. Esa desconexión le permitía conciliar el sueño más rápidamente y descansar bien. Las migrañas desaparecieron en el momento que controló los altos niveles de estrés a los que estaba sometido.

Y bien, Néstor, el traductor, necesitaba romper con la monotonía de trabajar en casa. Llegaban los fines de semana y no se animaba a salir ni dedicarse a aquello que parecía que realmente le gustaba: la montaña. Al comprar las botas se decidió a pasear por los alrededores y disfrutó de un buen día de campo. Se animó a conocer dos amigos de internet, también interesados por la naturaleza y el senderismo, y tras quedar con ellos planearon una escapada de fin de semana. La experiencia fue muy gratificante y ahora parece que están planeando un viaje para el verano.

Los zapatos no son “mágicos”, tan solo invitan a decidirse por aquello que uno realmente quiere o necesita. Puede que deseemos algo y tengan que darnos un pequeño empujón para conseguirlo. Los zapatos de esta zapatería intentan acertar y ponerse en el pié que realmente necesita dar un paso.”

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miércoles, 31 de enero de 2007


Cuentos de un Diván




DONDE NADIE LLORA





Tras largas horas de camino, Marco y su compañero de viaje, el Dr Cram ( más conocido como Lucas ) se disponían a encontrar rápidamente un refugio donde poder dejar los bártulos y resguardarse de la lluvia y el frío. Marco iba bien abrigado, su abrigo polar y el pasamontañas le protegían de la fuerte ventisca que cada vez resultaba más difícil de soportar. En una mano sujetaba una bolsa con las últimas provisiones del día y en la otra un viejo mapa con algunas señalizaciones que pretendían guiar a estos dos excursionistas por una maravillosa ruta paisajística que, por el momento, parecía interminable. De repente Marco, en un intento de evitar un resbalón, soltó el mapa y dejó que un soplo de viento condujera el viejo papel hacia un arbusto 200 metros más allá. El Dr Cram rápidamente corrió para alcanzarlo. Su sorpresa fue cuando desde ese punto visionó un pequeño poblado situado en medio de un valle. No parecía estar muy lejos y animó a su compañero Marco a recuperarse del golpe y apresurarse a bajar la montaña y llegar al pueblo lo antes posible.


Después de 20 minutos andando pisaron por fin la primera calle de Villarrien. Era asombroso, en cuestión de minutos parecía que el tiempo se había calmado, salía el sol y la temperatura era auténticamente primaveral. Marco y Lucas se dispusieron a ir en busca de alguna posada para descansar y reponer fuerzas. Conforme iban adentrándose al pueblo se escuchaban voces de niños corriendo por las calles, gritos de vendedores ambulantes de frutas y verduras, jolgorio en las plazas, risas y carcajadas en todas las esquinas, etc. Se respiraba un ambiente jovial como si de una celebración se tratase. Todo el mundo estaba especialmente contento y animado.


Ya exhaustos, entraron en uno de los bares de la plaza mayor para comer una buena merienda. El tabernero solo sentarse les invitó a probar unos chorizos de la tierra y les propuso un buen surtido de manjares para reponer el hambre. Todos miraban a Marco y Lucas con simpatía, parecía que eran bienvenidos a ese local. Encantados, siguieron probando parte de la gastronomía típica de la región y se unieron a alguna de las conversaciones de las mesas vecinas. Parecía que en ese local todo el mundo estaba especialmente contento. Sólo se escuchaba hablar de anécdotas divertidos en el trabajo, situaciones graciosas a lo largo del día, momentos entrañables en casa, buenos resultados de la jornada deportiva y comentarios sobre noticias positivas en el periódico. Después de dos horas de charla sobre temas laborales, familiares y de la actualidad informativa y deportiva nadie había nombrado ni un solo hecho pesimista o negativo. Lucas, al ver que en un momento dado todos hablaban de fútbol y nadie comentaba la recién derrota de un equipo español, preguntó en alto qué opinaban sobre este hecho los allí presentes. De repente se hizo el silencio y por unos momentos nadie alzó la mirada hasta retomar nuevo tema e ignorar por completo la pregunta de Lucas. Asombrados, los dos protagonistas adoptaron una posición de escucha y pasaron a tomar nota de todos los detalles de las conversaciones que iban transcurriendo. De repente, en televisión apareció un aviso informativo de última hora sobre un nuevo atentado terrorista. El dueño del bar se giró rápidamente dando la espalda al televisor y lo apagó en el acto. Marcos no podía creer lo que estaba viendo, parecía una noticia muy importante. Preguntó al tabernero si podía encender el televisor de nuevo y él le respondió que aquello que le pedía era imposible.


Desconcertados y sin entender nada Lucas y Marco abandonaron el local y se dirigieron al mercado en busca de provisiones para el camino de vuelta. Estaba repleto de gente y todo el mundo sonreía y saludaba amigablemente. Para poder comprar se formaban largas colas pero nadie empujaba ni se quejaba, aquellas personas tan solo sonreían y esperaban pacientemente su turno. Las mujeres mientras decidían sus compras comentaban qué tal les había ido el día. Todas hablaban maravillas de sus hijos y maridos, de sus fantásticas recetas de cocina y de sus logros en el trabajo. ¿ Qué estaba ocurriendo? Porque la gente tan solo sonreía? Parecía que en Villarrien no existían los problemas, todo el mundo era feliz y nadie pronunciaba ni una sola queja.

Cuando terminaron las compras, los dos forasteros buscaron un sitio donde dormir. Allí fue donde conocieron a Jonás, un viejo vendedor ambulante que desde hacía muchos años cada semana iba a Villarien los días de mercado. Jonás, escuchó la conversación que estaban llevando Lucas y Marco y no pudo evitar interrumpirles.

- Perdonad, ¿puedo sentarme con vosotros?


- Por supuesto


- Gracias. He estado escuchado vuestra conversación y me he sentido muy identificado con vosotros. La primera vez que yo llegué a Villarrien tampoco entendía nada. Acostumbrado a que hombres y mujeres me reclamaran dinero, discutieran sobre mi género y alzaran la voz, me encontré con un pueblo en el que nadie se quejaba, todo el mundo compraba tranquilamente y nadie discutía nunca por nada. Vi que trabajar aquí era muy cómodo y decidí venir todas las semanas a partir de ese momento.

Poco a poco fui conociendo mejor los habitantes de Villarien y la sorpresa cada día era mayor. Sus rostros siempre reflejaban simpatía, fuese la hora que fuese, parecía que estaban incomunicados con el mundo exterior y desconocían los problemas que había ahí fuera, nunca mostraban tristeza, tampoco los días en los se celebraba un funeral, ¡ era realmente asombroso!. Las mujeres venían a mi parada y sólo hablaban de lo felices que eran en casa, aún sabiendo que sus hijos no iban bien en los estudios y teniendo discusiones con sus maridos. Todos los problemas quedaban cerrados de puertas hacia dentro y nadie nunca hablaba de ellos. Con todo esto me di cuenta que Villarrien no es un pueblo tan feliz como parece, tan solo un escenario en el que todo el mundo tiene un papel y actúa.

La gente tiene problemas, se encuentra con conflictos en el día a día y debe hacer frente a ellos. Los habitantes de Villarien cierran los ojos callan y siguen adelante con sus vidas. No conozco el origen ni el porqué de este hecho, pero lo cierto es que en este pueblo, si uno es feliz, su vecino lo es más, y si uno está bien en el trabajo, su compañero lo está aún mejor. La hipocresía tuvo un principio pero en la actualidad ha llegado a un punto en el que ha invadido por completo la vida de todos los habitantes de Villarrien. Así pues, ¿ podemos realmente decir que en Villarrien, rien?

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