miércoles, 22 de diciembre de 2010

Una caja muy especial




Cuento de Navidad. Jorge Bucay.

La Navidad ya está aquí. Las calles están preciosas, a pesar del frío da gusto pasear por las zonas comerciales y contemplar la magnífica iluminación que alegra estos días la ciudad. Son muchos los que ya han puesto el árbol en la entrada acompañado del pesebre, los más previsores se han adelantado a las interminables colas de última hora y ya han comprado los regalos para toda la familia, todos en el trabajo ya tienen el décimo de lotería en mano esperando que la suerte este año les sonría, y las “cabezas” de familia estos días han pasado un buen rato en la cocina preparando el delicioso manjar con el que deleitar a sus seres queridos.

No hay duda, la Navidad ya está aquí, y con ella las ganas de disfrutar de estos días con los nuestros, de despedir el 2010 con amor y de iniciar el 2011 con ilusión y nuevos propósitos.

Cada uno de nosotros busca en la Navidad un sentido para vivirla de forma especial. Jorge Bucay nos habla de ella en un precioso cuento titulado “Cuento de Navidad”, sin duda, un gran relato que recuerda aquellas pequeñas cosas tan importantes que nunca debemos olvidar.


Os invitamos a leerlo y a reflexionar sobre su mensaje:

En una casa más o menos humilde de un país cualquiera vivía una familia compuesta por el matrimonio y sus dos hijos. Juan el hijo mayor de 24 años, casi abogado y Priscila, la pequeña de apenas 4 añitos.
Al acercarse la navidad el padre había comprado un rollo de cinco metros de papel metalizado para poder envolver los regalos antes de ponerlos en el modesto arbolito, armado desde principios de diciembre en la entrada de la casa. El 23 en la noche, el hombre se decidió a empaquetar los regalos, más simbólicos que valiosos, para Nochebuena. Qué desagradable sorpresa fue encontrar en el estante del ropero, el tubo de cartón donde venía enrollado el papel metalizado, desnudo de los cinco metros del costosísimo papel de envoltura.
El dinero era bastante escaso en la familia y posiblemente por eso, a pesar de lo avanzado de la hora el señor explotó de furia y mandó a llamar a su familia para ver quién había utilizado el papel que él compro para los regalos. La pequeña Priscila apareció con la cabeza gacha para decirle a su padre que ella lo había usado.

-¿Pero no te das cuenta que ese papel es muy caro y que tu papa tuvo que trabajar varios días para comprarlo?; ¿Podrías decirme para qué tontería usaste el papel metalizado?

La niña salió corriendo y regresó con un paquete del tamaño de una caja de zapatos, envuelta con varias capas del costoso papel, ahora arrugado e inutilizable.

-¿No te dijo tu madre que no debes tocar las cosas de los mayores para tus juegos? ¿Cómo se te ocurre envolver esa caja con cinco metros de papel dorado?

-Es un regalo de navidad, papá- dijo Priscila- para el arbolito.

-¿Y se puede saber para quien es este regalo tan valioso como para usar todo el rollo de papel en envolverlo?

- ¿Y para quien va a ser?, para vos, papá.

El hombre se enterneció y abrazándola le pidió disculpas por los gritos. Como nos sucede a todos, con el regalo en las manos quiso saber qué contenía y le pidió a la pequeña permiso para abrirlo. Poco después el hombre volvía a explotar:

-Cuando das un regalo a alguien se supone que debe haber algo adentro. ¿Usaste ese papel para envolver una caja vacía?

A la pequeña se le llenaron de lágrimas los ojos y dijo:

-Es que la caja no está vacía, papá, yo soplé adentro cincuenta y ocho besos para vos.

El padre alzó a la niña y le suplicó que perdonara su ceguera y su ignorancia. Dicen que el hombre guardó para siempre la caja debajo de su cama y que siempre que se sentía derrumbado, abría la caja y tomaba de ella un beso de su hija. Esto lo ayudaba a recuperar la conciencia de lo que era importante y de lo que sólo eran tonterías.

El amor sigue siendo el gran protagonista de estos días, y por ello, es siempre el más preciado regalo.

Obsequia a los tuyos con una “caja de besos” y recuérdales que pueden abrirla siempre que lo necesiten. En esta preciada “caja” quedará grabado el cariño y la estima que tienes por ellos, el apoyo que puedes prestarles siempre que lo necesiten, tus ganas por estar a su lado, por hablar con ellos, por escucharles,…tus ganas por quererles.

Y recuerda, todos los días pueden ser Navidad, siempre puedes regalar una “caja de besos”, no lo olvides.

FELICES FIESTAS


Mª Teresa Mata. Psicoterapeuta y fisioterapeuta.
Consulta privada en:



Institut Mensalus. C/Santa Magdalena 5, Bajos.
Barcelona, 08012 - Junto salida de metro Fontana - L3.
Tel. 932 371 916


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1 Comments:

At 11:51 a. m., Anonymous Rosa said...

Los regalos que más necesitamos de las personas que nos quieren son estos.

Gracias por este cuento de Navidad.

Felices fiestas

 

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