lunes, 10 de noviembre de 2008

Unos minutos para pensar

EL CUARTO DE LAS RATAS

“Hasta pasados los veinte años, viví con mis padres en un entresuelo situado en Enrique Granados. Recuerdo aquella calle donde los coches podían aparcar en batería subiéndose un poco en las dos aceras, gracias a unos pegotes de cemento que el Ayuntamiento ponía en los bordillos. Es curioso que, con el paso de los años, conforme crece el parque móvil, disminuyen las plazas de aparcamiento libre…
El edificio se construyó en 1947, y por aquella época en las casas era más importante disponer de muchas habitaciones, que de cuartos de baño y cocinas adecuadas; supongo que la razón sería el número de hijos en las familias.
La casa que nos ocupa era estrecha y muy alargada. De hecho, daba por un lado a la calle y por el otro al interior de la manzana, concretamente a un patio medianamente grande pero infrautilizado, puesto que sólo lo utilizaba mi madre para tender la ropa y yo para jugar con mi hermana; nunca hubo una mesa y cuatro sillas para tomar el fresco en verano, por ejemplo.

Al lado de la cocina había una cuartito de aseo que le llamábamos “el cuarto de las ratas”. Era un cuartito pequeño, de paredes color beige pintadas “al plástico”, donde solo había un lavabo con un grifo dorado de aspas, y una taza de water. No sé el porqué del nombre, pues nunca vi ninguna rata por la casa; alguna cucaracha quizás sí, pero muy esporádicamente. Supongo que ese “nombre siniestro” se lo pondrían mis padres para que el lugar nos infundiera respeto…
Cuando nos castigaban por algo, nos hacían estar un rato allí incomunicados, con la luz apagada. Solo cabía reflexionar esperando que se les pasase el enfado y nos levantasen el castigo dejándonos salir. En ese momento la luz del pasillo nos cegaba, aún así, teníamos la sensación de recuperar la libertad, imagino que una libertad parecida a la de un preso cuando sale del agujero de castigo.
Posiblemente en esas permanencias, tuve mis primeros contactos con la filosofía. Con la vista dirigida al techo, era como mirar a la nada, todo estaba oscuro. Allí entrábamos llorando, incluso con algún azote en el trasero, y salíamos completamente mansos y sociables.
Ahora los psicólogos y los maestros llaman a esta práctica el “time out”. En los años 60 había menos profesionales licenciados en psiquiatría, psicología, pedagogía y dinámicas de grupo, pero está claro que los padres sabían muy bien lo que tenían que hacer, aunque fuese por intuición; Y así es como aquel “cuarto de ratas” cumplió perfectamente con su misión educadora”

Claudio


CONOZCAMOS QUÉ ES EL "TIME OUT"

El Time out es un concepto usado en la educación de párvulos en los EE UU. Esta técnica consiste en sacar al niño de la clase o mandarlo a un rincón unos minutos. La indicación del profesor es: “Sal de la clase un tiempo y piensa en aquello que has hecho”. Los psicólogos aseguran que el objetivo del time out es el de fomentar en las aulas el desarrollo social y emocional de los niños.

Los adultos también necesitan “Time out”


El time out tiene un claro objetivo educativo, y por ello actualmente intenta ser un complemento en algunas escuelas... Aún así, ¿solo los niños aprenden con el time out?¿Los adultos nos planteamos pasar estos minutos tras cometer un error? Y aún no saber si aquello que hemos hecho está bien o está mal, ¿Necesitamos unos minutos de reflexión?

La reflexión es imprescindible, permite tomar conciencia de nuestros actos, simpatizar con nuestra autoestima si con ello nos sentimos realizados o dar aviso de que algo debe cambiar si no estamos satisfechos con el resultado. Continuamente estamos rodeados de trabajo y obligaciones, y tras una actuación no queda tiempo para la reflexión. Esta, en muchas ocasiones, se produce antes de dormir, puesto que es el único momento en el que nos encontramos a solas con nosotros mismos y podemos hablar con nuestro “yo interior”. Esta práctica nocturna no siempre es la más adecuada, puesto que provoca cierta ansiedad, y posteriormente insomnio. De todos modos, si no disponemos de más tiempo, nuestro time out “pre-sueño” es en ocasiones conveniente y necesario para hacer un repaso del día y PENSAR.
Sí, pensar en la discusión que hemos tenido a primera hora con nuestro marido sobre la ropa sucia, pensar en el trato que hemos dado a uno de nuestros compañeros en el trabajo, pensar en la ilusión que nos ha hecho recibir noticias de aquella amiga, pensar en nuestros logros del día, etc...Pensar en cosas que fortalecen nuestro ser o ayudan a corregir aquello que no nos agrada.
Y vosotros, ¿teneís un "time out" en algún momento del día?



Consulta privada Mª Teresa Mata, psicoterapeuta y fisioterapeuta.

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Plaza Gala Placidia Nº 10-12, 5º 2ª 08006 - Barcelona Contacto: 617834474





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2 Comments:

At 12:33 p. m., Blogger Ely said...

yo huyo del time out, es como si en un hombro tuviese un angelito y en el otro un diablo. Pnsar y repensar sobre mi propia idea, a veces que hace distorsionar mas las cosas

 
At 11:34 p. m., Blogger El Divan Digital said...

@ Ely

Bienvenida a nuestro Diván.

Pensar "demasiado", puede confundir, tienes razón. Por ello, el time out debe durar el tiempo necesario, pero no el tiempo excesivo. Uno mismo puede parar los pensamientos repetitivos y angusiantes cuando se percata de ello; esto lo definimos AUTOCONTROL.

Con autocontrol, el time out es realmente beneficioso.

Un saludo

 

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