martes, 16 de septiembre de 2008


Historias del Diván



UN GOLPE DURO


Esta semana en el Diván, tenemos el placer de contar con una persona excepcional. Ella es Marta Peña, una enfermera de 31 años que, en plena juventud, sufrió una desafortunada caída que, sin saberlo ni quererlo, le cambió la vida. Os dejamos con su historia.

Tenía 19 años, era la final de la copa Catalunya de Básket, e íbamos perdiendo de uno. Yo, base del equipo, tenía el balón en ese momento. Dos defensoras me impidieron el paso provocando una caída muy fuerte que ocasionó distintas contusiones en labio y rodilla; aparentemente no existía ninguna otra lesión, así que me sacaron en brazos de la pista y me llevaron al hospital. Al pasar las horas, sentí un leve dolor de espalda que irradiaba hacia las piernas, un dolor que yo misma relacionaba con la contusión de rodilla. Me hicieron radiografías y diagnosticaron un esguince de ligamento lateral, con lo que tuve que estar en reposo unas semanas; al dolor de espalda no le dieron más importancia, aunque la leve molestia persistía. Cuando retiraron el vendaje de la rodilla y empecé a andar, observé que la pierna me fallaba; además, el dolor que sentía era distinto al que en un principio me producía el esguince. Este consistía en un tipo de hormigueo, que iba de la zona lumbar derecha hasta el pie, el cual me debilitaba el paso al andar. Comenté esta incidencia al doctor y rápidamente me hicieron una radiografía lumbar; en esta ocasión, las noticias no fueron tan buenas: sufría una espondilolistesis de L4-L5 y L5-S1, y las pruebas mostraban varias apófisis transversas fracturadas. Para comprobar el estado de dicha lesión, el doctor procedió a solicitar un TAC de urgencia. Antes de poder recibir el resultado, subiendo las escaleras del metro, mis piernas “dejaron de funcionar”. No puedo recordar que sentí, solo se que todo fue muy extraño. Llamé a mi madre, me vinieron a buscar y me trasladaron a casa. A la mañana siguiente, me levanté de la cama y pude andar perfectamente. Pasó una eterna semana de espera y finalmente fuimos a buscar los resultados del TAC; fue entonces cuando todo mi entorno excepto yo conoció la gravedad de la lesión. La distancia milimétrica que separaba a esta chica de 19 años de pasar el resto de vida en una silla de ruedas era de 2Mm, 2 Mm. entre L5 y la médula espinal.

Los doctores, no me informaron del grado real de gravedad, pero si avisaron que mi espalda corría cierto peligro y que debía operarme de inmediato; Eso sí, me hicieron un breve resumen de como sería el postoperatorio, anunciando que vendrían meses de duro trabajo en el que haría falta, principalmente, mucha fuerza de voluntad por mi parte. Yo no podía, o mejor dicho, no quería creer aquellas palabras, no estaba dispuesta a pasar tantos meses de mi vida con rehabilitación, y por ello fui en busca de segundas opiniones. Estas dijeron exactamente lo mismo que el primer doctor, así que no tuve más remedio que cambiar el chip y aceptar lo que estaba ocurriendo.

Así pues, acudí de nuevo al primer doctor, Dr V.L; El día anterior a mi ingreso, salí de cena con los amigos para celebrar mi momentánea “despedida”. Fue genial, risas, anécdotas, hasta fuimos a echarnos un bailoteo. Fue entonces cuando en medio de la pista sucedió exactamente lo mismo que en las escaleras del metro: las piernas dejaron de funcionar y caí directamente al suelo. Pienso en ese momento y recuerdo lo mal que me sentí. De antemano, ya estaba aterrada por la operación, pero el instante en que las piernas no respondieron, me hizo abrir los ojos y conocer la gravedad de la situación: debía operarme o no de lo contrario, quizás no podría volver a andar el resto de mi vida.

EL INGRESO

Ingresé en el hospital el 12 de setiembre de 1997. Al día siguiente me operaron; la intervención duró de 8 de la mañana a 2 de la tarde. Las catorce horas posteriores las pasé vomitando como respuesta a la anestesia, sin poder prácticamente levantar cabeza, y pasé los siguientes cinco días sedada con morfina. Uno de mis mejores amigos vino a visitarme y al verme en la cama en ese estado tan deplorable, no pudo contener las lágrimas; recuerdo entonces pedir a mi madre no recibir visitas de nadie hasta estar mejor, no quería que los amigos me vieran mal. Tras esos cinco horribles días, empecé a ser consciente del proceso de rehabilitación: curas, retirar sueros, drenajes, etc., y sobretodo, recibir la atención de profesionales y familia para cualquier cosa: tenían que darme de comer, peinar, asear, limpiar mis necesidades,…En fin, hacer todo por mi; esto me hacía sentir realmente inútil.

Durante el proceso de rehabilitación aparecieron complicaciones. Cuando empecé a recuperarme, me hicieron un corsé a medida y empecé a andar en las paralelas del gimnasio del hospital. Los tres primeros días me sentía tonta, parecía “una muñeca de famosa”, patosa, pero bien, estaba andando, y eso era lo importante. Pasados estos tres días, la herida empezó a supurar. Me hicieron pruebas y detectaron una infección. La noticia no podía ser peor, significaba volver a estar inmovilizada y dejar de andar. Supuso un claro retroceso en el proceso de rehabilitación, y con ello me hundí. Mi mente no aceptaba volver a pasar otra vez por lo mismo. Después de una dura semana encamada en la que toqué fondo, una enfermera adorable me ayudó a superar la situación. Mi familia y amigos también estuvieron a mi lado, no me dejaron ni un instante sola. En esos momentos pude darme cuenta de la cantidad de personas que me querían y estaban a mí alrededor.
Poco a poco volví a andar. Empecé a simpatizar con otros pacientes de planta con los que yo misma intenté establecer relación para no sentirme sola; los ratos que pasábamos juntos, me ayudaban a no pensar en la dura situación que estaba viviendo. Para mí, justamente el pensar, era lo realmente doloroso.

Evolucioné bien, todo parecía seguir según lo previsto y aún tener miedo, me sentía muy feliz de poder volver a andar. Después de dos meses, me dieron el alta hospitalaria, y regresé a casa con mis padres y mi hermana.
Tuvieron que adaptar el dormitorio al accidente: una cama más alta, un colchón especial,…Además, no podía hacer nada sin el corsé salvo dormir, ni siquiera podía levantarme sin él para ir al baño a medianoche. Tampoco podía estar de pié quieta, solo podía estar de pie para andar. En casa por fin pude ducharme; si algo recuerdo muy desagradable del hospital, era el no poder sentirme realmente limpia. De todos modos, tenía que ducharme en una silla especial en la que me desvestía, enjabonaba y aclaraba…Siempre sentada, nunca de pie. Antes de la operación, no recuerdo haber valorado cosas tan insignificantes como sentir correr el agua por mi cuerpo; la primera vez que me duché en casa, estuve una hora de reloj.

A partir de aquí, pasaron los meses, y tuve que tomarme la vida sin prisas y con mucha calma. Siempre sentía cierto miedo e inseguridad, pero poco a poco conseguí ser más autónoma. Al cabo de un año y medio intenté hacer una vida normal, el médico me dio permiso para ello; incluso volví a jugar a básket. Retomar el deporte era uno de mis principales objetivos, pero fui yo misma la que se dio cuenta que hacer lo mismo que el resto de compañeras era imposible. Tuve que dejar el equipo, y a raíz de aquí decidí pasar de ser jugadora a ser entrenadora; encontré una buena alternativa que me permitió seguir en contacto con este mundo, sin tener que renunciar a ello.

LA SEGUNDA Y TERCERA INTERVENCIÓN


Al cabo de tres años, empecé a notar un dolor anormal en la espalda. Apareció un pequeño bulto en la cicatriz; durante largas semanas no existía un diagnóstico concreto para esta anomalía, y tuve que someterme a un auténtico calvario de curas en carne viva y demás pruebas sin resultado. Aquí el mundo se me cayó encima; la propia incertidumbre sembraba el pánico en mí y mi familia, eso sí, todo mi entorno me apoyó en todo momento.
Finalmente, las pruebas corroboraron que estaba desarrollando un rechazo al material quirúrgico. Tuve que someterme a una segunda operación en la que retiraron los clavos y placas del lado derecho de la columna, y una tercera y última un año después, en la que retiraron el material del lado izquierdo. El riesgo de infección era alto y por ello tuvieron que ser muy precavidos.

Al cabo de un mes empecé a hacer vida normal, con ciertas limitaciones por supuesto, hasta el día de hoy.


¿Qué pensamientos positivos te ayudaron a lo largo de esta etapa?

Pensamientos positivos…Verdaderamente, a lo largo de las tres operaciones, había muy pocos. Prácticamente, los que más se repetían eran negativos: sentimiento de inutilidad, frustración y tristeza. La inutilidad aparece cuando te das cuenta que no puedes valerte por ti mismo para hacer nada. Yo al principio no podía comer sola, no podía lavarme,…siempre tenía que estar acompañada para todo; la frustración va ligada a este sentimiento de inutilidad. Esta apareció cuando empecé a andar después de la primera intervención, y por culpa de la infección retrocedí y volví a empezar de cero; la tristeza acompaña a todo el proceso, refleja la ofuscación, justamente, del sentimiento de inutilidad, que yo definiría como el principal.

De todos modos, sí que existía un pensamiento que me ayudó a lo largo de la recuperación: el saber que las personas que me quieren están a mi lado, y de hecho, percatarme de la cantidad de amigos y familiares que no me dejaron sola ni un momento.

Desde pequeña, siempre había querido ser enfermera. La vivencia de las tres operaciones potenció este sentimiento, y aumentó, de algún modo, esta vocación. El sentimiento positivo de querer ayudar a los demás, hizo que las ganas por recuperarme fueran en aumento poco a poco. Además, me considero una persona muy exigente, y aunque en ocasiones esta no sea una virtud, en este caso, sí lo fue…El alto grado de exigencia me obligó a sacar fuerzas de donde no las había.

¿Qué cosas crees que aprendiste de esta vivencia?

Pues mira, aprendí sobretodo a perder la vergüenza, a pedir ayuda y a ser egoísta.

A perder la vergüenza porque los profesionales del hospital, así como familiares y amigos, me veían desnuda al lavarme, cambiarme, al hacerme las curas, y por ello, perdí un poco este pudor que todos tenemos.

A pedir ayuda. Hasta el momento nunca me había gustado depender de nadie, y fue entonces cuando aprendí a recibir la ayuda de los demás. Para mi fue esencial esta ayuda, sin ella no habría podido hacer nada.

A ser egoísta, ya que según qué momentos, tenía que pensar en mí; por ejemplo, en aquellos momentos en los que la habitación estaba llena de visitas y yo no deseaba ver a nadie. Así pues, tuve que aprender a decir no para estar bien conmigo misma, a mirar por mis necesidades.

Bien, también debo decir que aprendí a ser más extrovertida, puesto que por narices, tenía que ser una persona sociable y debía obligarme a hablar y mantener relación con los demás pacientes. De hecho, el charlar me ayudó a no pensar constantemente en el problema.


Y si hacemos una mirada al pasado, desde el momento actual, ¿qué pensamientos positivos te han ayudado a incluir esta vivencia en tu historia de vida?

La experiencia me ha aportado aspectos positivos, pero claro, me he dado cuenta de ellos al cabo del tiempo. El convertirme en una persona más fuerte es uno de ellos; quizás, si no hubiese vivido esta experiencia, le daría importancia a “pequeños conflictos” que, para mí, hoy en día, no tienen importancia. Parece un tópico, pero la vida solo se vive una vez, y hay que aprovecharla intensamente, no hay tiempo que perder en problemas insignificantes, y sobretodo, no hay que dejar para mañana aquello que podamos hacer hoy.

La lesión también me ha ayudado a ser más independiente, a decidir por mí, a tomar decisiones que quizás, antes, por miedo, no habría sido valiente de tomar. Hay que ser valiente, esta precisamente es una virtud de las personas luchadoras: arriesgar para vivir. Por ejemplo: no sabía si podría volver a jugar a básket, pero me arriesgue a probarlo…Finalmente me di cuenta de que no podía, y me convencí de cual era mi limitación. Eso sí, lo supe una vez lo intenté. De todos modos, aún convertirme en una persona fuerte, este proceso me ha costado un precio; pensar en todo esto me ha costado días de lágrimas y mucho sufrimiento.

Los pensamientos positivos han aparecido a lo largo de estos años, pero siempre después de momentos duros. Por ejemplo, cuando decidí ser enfermera, tenía mucha ilusión por trabajar a todo gas en el hospital; una vez empecé a trabajar, me di cuenta que mi espalda no soportaba largas horas de guardias, no podía trasladar peso, no podía mover pacientes encamados…Nunca cogí una baja por dolor, pero aún así, tuve que dejar de lado este mundo que tanto me apasionaba. ¿Qué saqué de positivo de todo esto? Reflexionar y saber encontrar una alternativa viable que me contentara. Por ello, hoy en día, estoy trabajando en una mutua. Este puesto me permite trabajar de enfermera, estar en contacto con pacientes, servir a los demás, y hacerlo en un ambiente más relajado y adecuado a mis necesidades.

También he aprendido a no ser conformista, y esto me ha convertido en una persona más dinámica. Como decía antes, ahora vivo la vida con más intensidad, siempre tengo ganas de hacer cosas, quizás la razón de estas ganas incombustibles haya sido el pasar días y meses en cama y en casa.

Algo que valoro mucho de esta experiencia es haberme convertido en una persona más cariñosa. Siempre había sido una chica un poco arisca, no valoraba los abrazos y me costaba recibir el calor de la gente, sobretodo de la familia. Ahora aprecio todo esto, y es más, tengo ganas de regalarlo a los demás…El recibir cariño de los demás me ha enseñado a saber corresponderlo. Los amigos son para mi importantísimos, y el cuidarlos y conservarlos se ha convertido en una de mis mejores virtudes.
Así mismo, el dar y recibir ha colaborado en facilitar mi capacidad de introspección y exteriorización de sentimientos.

Pero bien, después de todo este discurso de "positividad" y virtud, quiero remarcar algo. Solo encuentra aspectos positivos aquel que está predispuesto a buscarlos. La fuerza de voluntad y las ganas por crecer han sido el motor que ha hecho posible toda esta “recolecta” de logros y una integración sana de las experiencias traumáticas en mi historia de vida.

Y para terminar, ¿qué mensaje te gustaría trasmitir a todas las personas que leen esta semana tu vivencia, aquí en el Diván?


Es difícil resumir todo aquello que me gustaría transmitir en pocas palabras. De hecho, la historia que os he contado ya contiene un preciado mensaje. Aún así, me gustaría lanzar un último grito a modo de tres ideas que todo el mundo debería tener muy claras:

- Cuando exista un problema, el primer paso es conocer su “ubicación” para posteriormente buscar solución. Siempre existe una solución, tan solo hay que estar predispuesto a buscarla. Así pues, pensemos en alternativas, no nos conformemos con un NO.

- Apreciar las personas que tenemos al lado, no es un tópico. Siempre que lo necesitemos, debemos aceptar su ayuda, nadie de nosotros es un superman o superwoman.

- Carpe diem. Aprovecha las oportunidades que te ofrece la vida. En un principio parecen muchas, luego te das cuenta que, en un solo instante, puedes llegar a perderlas.


Gracias por brindarme esta oportunidad. Un abrazo a todos los lectores del Diván


Gracias Marta por compartir tu historia con nosotros. Ha sido un honor escuchar a una profesional, mujer y compañera como tú, creo que todos hemos aprendido mucho de tu experiencia esta semana.

Esperamos vuestras aportaciones en el Diván, Marta contestará a comentarios y dudas encantada.




Consulta privada Mª Teresa Mata, psicoterapeuta y fisioterapeuta.


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21 Comments:

At 9:54 a. m., Anonymous Anónimo said...

Des de aquí quiero fecilitar a Marta Peña, veo que eres una luchadora nata, gran persona que sabe apreciar lo bueno de la gente, debido a tu experiencia te has dado cuenta que la vida hay que vivirla sanamente e intensamente y que cada día es un nuevo dia que nunca más se volverà a repetir. Me demuestras también que eres una persona inteligente al quedarte con lo bueno de las cosas y apartar en todo lo posible lo malo. El mensaje que mandas es alentador, hay que luchar, buscar ayuda, y no darse por vencido ante cualquier dificultat de la vida ya que de hecho esto es vivir. Felicidades por ser como eres.

 
At 11:16 a. m., Anonymous Angie said...

Marta, que grande eres!!!
Una experiéncia dura, por supuesto, pero ya superada, por una chica fuerte y con ganas de vivir a tope.
Yo no viví con ella esos momentos (aún no te conocía), pero la conozco y...es una buena luchadora y grande, muy grande (y no de estatura, jajaja).
Felicidades por redactar tan bien tu historia y sobretodo por ser como eres.
Un abrazo muy fuerte!
p.d: espero que le sirva de ayuda a mucha gente y tomen su ejemplo.

 
At 11:29 a. m., Anonymous parellada said...

marta no sabia de aquesta experiencia amb tanta exactitud. tota una lliço de ganes de viure, jo no crec que hagués tingut forces per tirar endavant!! pero me'n alegro que comparteixis amb tots nosaltres aquesta experiencia tants anys despres i que siguis tal com ets!!!!

un petonas petitona!! moltes gracies x ser com ets!!!

 
At 11:40 a. m., Anonymous Raul Donoso said...

Yo sí que pude vivir aquellos momentos contigo...reuerdo haber pasado muchas mañanas entre semana haciendo campana en el hospital...je,je.Fue duro para todos,pero sobretodo para ti.Sabes que estes donde estes y hagas lo que hagas siempre podrás contar con mi amistad.
Gracias por ser como eres,por ser mi amiga y por haber demostrado tanta fortaleza por dentro y entereza por fuera.
Te quiero muchísimo.

 
At 12:22 p. m., Anonymous Yolanda said...

Marta krinyu!!yo no viví contigo esos momentos,nos conocimos algo más tarde...pero conocía tu historia...(muchos domingos de guardias y muchas charlas por teléfono y confesiones tomando cafés...).Ya sabes que pienso de ti...Eres única...y...sabes que seremos amigas para siempre!!
Un besito cuca!T'estimo

 
At 2:18 p. m., Anonymous Pichus said...

Jo Marta un diario muy guapo de un trocito de tu vida que no pude compartir pero que responde con exactitud lo que eres ahora una persona activa, muy sociable, agradable... y sin miedos, animo Martita sigue escribiendo el futuro que el pasado ya lo tienes resuelto y estas estupenda.

P.D.: Tengo una pequeña duda las que dan alegría, sonrisas, tienen carácter activo, impulsivo y no son vergonzosas son enfermeras o payasas. Jejejej o solo lo haces en cenas festivas.

 
At 3:53 p. m., Blogger saray said...

Marteta!!!
Muchas felicidades por ser como eres y por ser tan luchadora.Sabes que tendras mi amistad siempre,eres genial
besitos

 
At 9:56 a. m., Blogger Sergi said...

doncs jo no se si firmar com a sergi,txetxi o com a chencho, que es com em deies quan vas tornar a jugar a basket sota les meves ordres!!! jejeje

un petonas! per tot lo que hem passat desde fa tant de temps....

 
At 9:57 a. m., Anonymous martona said...

Graicas a todos/as por haber leido mi historia. Y gracias por haber estado y estar cerca...sin vosotros no lo hubiera superado!
Raul te quiero mucho...
pichus,no soy payasa...jejeje...soy asi...
a los demas...un abrazo muy fuerte y contar conmigo para lo que necesiteis!

besos a todos

 
At 11:08 a. m., Blogger El Divan Digital said...

Yo También quiero agradecer de nuevo a Marta su colaboración con el Diván.
Ha sido un placer participar en la construcción de esta historia y escuchar palabras de una mujer tan valiente como ella.

Saludos a todos

 
At 11:41 a. m., Anonymous Mònica M. said...

Guapa, encara tinc la pell de gallina, son molts anys...
no tinc paraules, només que m'alegro d'haver estat i estar al teu costat, tot i la distància i el temps
Mil petons
T'estimo

 
At 1:18 p. m., Blogger FER, pico dulce said...

Hace mucho que no te veo pero casi no hace falta teniendo en cuenta que una mujer como vos se siente en la piel y el alma...hay experiencias que te hacen mas fuerte para siempre...conocerte me hace fuerte.
Un beso
Te quiero.

 
At 11:36 p. m., Blogger Azat said...

Doy gracias por haberte conocido, eres el lucero en mis noches de profunda oscuridad, transformas el languido lamento de mi boca en melódica sinfonía. Aprendo a diario a tu lado, la experiencia vital que transmites impregna a todo aquel que se acerca a ti.
Ha sido tan contundente como ejemplificador, te leía y me parecía estar escuchando tu voz. Gracias Marta por este gran pedacito de ti y no cambies nunca. T ´ESTIMU.

 
At 11:43 a. m., Blogger laia said...

Quants records...recordo cada moment viscut a l'hospital, a casa, cada llagimra, cada somriure, cada dolor...ho recordo com si fos ahir, però tot queda en el passat. Un llarg camí ple de lluita constant. Per mi és un orgull ser la teva germana, m'encanta que m'encomanis aquesta positivitat, m'agrada veure com després de tot vius cada moment al màxim.
Tot aixó et va fer canviar la manera de viure i de veure la vida, sense deixar de donar tant com sempr ens has donat a tots. Un gran exemple a seguir no només per la fotalessa i per tot lo viscut amb l'esquena, sino com a persona. Una gran persona.
Hem passat tatnes i tantes coses, la teva operació, les del papa, i molts més moments que han fet que sempre estiguem més i més unides...per sempre al teu costat.
felicitats per aquesta entrevista a tu i al divan digital, que també és una part important perquè tu i jo poguem viure i recordar moments POSITIVAMENT.
T'ESTIMO
Laia

 
At 12:46 p. m., Anonymous Anónimo said...

Tinc els ulls plens de llàgrimes al llegir-vos, però són llàgrimes sanes,no de pena...tinc sort de tenir-vos al meu costat, ja ho sabeu que sense vosaltres, en especial sense tu Laia, no hagués avançat en la meva recuperació!
Graciés de tot cor!
Laia t'estimo molt.
un abraçada a tots.

 
At 5:56 p. m., Anonymous Anónimo said...

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At 7:48 a. m., Anonymous Anónimo said...

Buenas Marta, conocí el rebufo de tu situación y por tu entorno, sólo pude intuir la punta del iceberg que veo fue muy dura. Las situaciones extremas te ponen a prueba, y tú fuiste - eres una valiente luchadora, que has conseguido superar una prueba felizmente. Enhorabuena Ratish! un abrazo

 
At 10:17 a. m., Blogger porugueta said...

Hola Marta,soc la Núria(vam esser companyes de feina a la Delfos)veig que tot et va be,no sabia l´infern que havies passat amb l´esquena, nomes sabia de la operació;me n´alegro que tiressis endavant i lluitessis per buscar la part positiva de tot lo dolent que vas passar,em trec el barret davant teu;per mi vas ser una compaña collonuda,un peto

 
At 8:11 p. m., Anonymous Anónimo said...

Tu experiencia me recuerda a mi hermana, sólo que ella no se ha recuperado. Con 17 años le detectaron un tumor cerebral. Era una chica llena de vida, guapa, inteligente, con novio, con futuro. Aquello la dejó en silla de ruedas, sin valerse por sí misma. Con mucho esfuerzo consiguió andar, aunque sin apenas movilidad en la mitad derecha.
Después ha pasado por varias operaciones, otros tumores, durante veinte años no sé decirte número, demasiados, que cada vez le han ido quitando algo de eso que no nos damos cuenta que tenemos cuando lo tenemos y que tú conoces. Solo que ella no recupera todo lo que pierde.

Ha sido una luchadora, además en un ambiente familiar nada bueno, perdió a su madre con cinco años. Consiguió con mucho esfuerzo terminar Formación Profesional como Técnico Superior, pero sólo obtuvo una vez trabajo en una empresa de mala muerte para que la despidieran a los 18 meses. Tiene muchos cursillos, master oficiales, de todo, un día le pedí el currículo y me quedé asombrado. Han pasado veinte años y no ha dejado de luchar.
Lleva tiempo mal, con sus 400 no tiene ni para lo más mínimo, intenta preparar unas oposiciones ante la imposibilidad un trabajo.
Ya sé que habrá quien piense que se lo darían, lo ha buscado mil veces, bolsas de empleo, empresas, asociaciones, nada. Eso sí, tragar muchas cosas de mucha gente absurda y sin empatía ninguna. Muchas ilusiones rotas y muchos engaños.
Supongo que el resultado final, o el marcador, porque este partido no acaba hasta el último suspiro, es lo que hace salir con mejor o peor cara del campo. A ella la vida le niega un sólo triple, por más que siga lanzando una y otra vez.
No sabría decirte qué ha sacado de positivo, creo que poco. No creo que sea buena ideas preguntarle. Sacrificio y soledad, no le he conocido una relación, aunque sé que algo tuvo alguna vez, dolor y angustía en aquellos postoperatorios terribles, y miedo cada revisión, pánico. Sí sé decirte que yo nada, un enorme dolor dentro de mi alma cuando recuerdo aquella niña rubia de ojos grandes en brazos de mi madre. Y rabia, mucha rabia, por la vida y hasta por esta sociedad tan superficial.
Me alegro de que tú salieras adelante, de que andaras, de tu trabajo, de tu vida. Me entristece hasta no sabría explicar recordar a mi hermana antes de que ocurriera. Me rompe el alma.
A veces las cosas no se solucionan, simplemente no hay solución, sólo van a peor. Su historia no es para animar a nadie, es de las que nos hacen mirar a otra parte, o llorar una y otra vez cuando te tocan cerca, o peor aún, simplemente te tocan.

 
At 10:48 p. m., Anonymous martona said...

La verdad es que me has dejado sin palabras después de haber leido tu historia; tan solo puedo decirte que luches tu por la vida, y que mires hacia delante no hacia atras,y que te apoyes en la gente que te importa y que crees que te ayudaran a lo largo de la vida...
...Y, piensa tambien que tu hermana luchó, almenos lo intentó!
Gracias por haber leido mi historia.
un abrazo

 
At 2:31 p. m., Anonymous JESSI said...

Te conozco de hace poco tiempo...pero nunca me imaginé, que pasastes por estas circumstancias, tan drásticas de la vida...
Eres cariñosa,positiva,alegre,.. perfeccionista con tu trabajo,...y sobretodo buena persona..
Solo te puedo, decir, que sigas hacia delante, que eres una chica que vale un imperio..!!!
Así que con todo mi cariño...
Te felicito, por ser como eres...!!!ha sido un placer, conocerte....FELICIDADES MARTA....!!POR SER COMO ERES..

 

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