lunes, 14 de abril de 2008

¿HEMOS PENSADO EN OTRA SOLUCIÓN?


Montse y Pablo son padres de tres hijos, Martín de 9 años, Héctor de 12 y Natalia de 16. Natalia es una chica muy responsable, actualmente está realizando bachillerato y dentro de dos años desea estudiar Farmacia. Héctor, el mediano, cada vez muestra menos interés por los estudios, sólo tiene ganas de jugar a la "Play" y echar en la calle algún que otro "partidillo" con sus amigos. Martín, el pequeño, es un niño travieso pero obediente; Aún es pequeño, pero ya es responsable con sus deberes y tareas en casa. Héctor desde siempre ha sido "el rebelde", nunca le ha gustado estudiar, y cada vez sus padres tienen más miedo que no esté motivado a seguir en el futuro; además, desde pequeño, ha tenido celos de Martín, y ha intentado buscar "un lugar para él" en la familia. Por ello, ha intentado llamar la atención de todos los modos posibles, "ser el mediano" para él no ha sido tarea fácil. Montse y Pablo actuaban de forma muy autoritaria y poco comprensiva, intentaban, como es natural, obligar a Héctor a estudiar, pero cada vez él se rebelaba más contra ellos y se peleaba con su hermano pequeño. La pareja, aconsejada por un profesional, decidió dar un giro a la situación. Hasta entonces, ellos habían insistido en un "modus operandi" que no había funcionado, sin tener en cuenta que, a lo mejor, existían otras formas de gestionar el problema. Así pues, desde ese momento, dejaron de actuar como padres autoritarios y no obligaron a Héctor a estudiar a la fuerza. Tan sólo le hicieron partícipe de tareas que implicaban su ayuda, y que le hacían sentir IMPORTANTE como "hermano mediano". Poco a poco, Héctor vió que su papel era imprescindible en la familia, que debía ser responsable con ciertas cosas que requerían su participación, y con ello, empezó a interesarse por su futuro y aumentaron sus ganas de mejorar en clase.

Cuando aparece y persiste un problema, tendimos a insistir en un camino que nos lleve a la solución, y en algunas ocasiones, aún no ver resultados, insistimos más y más, cronificando ese modo de resolución. La cronificación conduce a una rutina equivocada, que dificulta cada vez en mayor proporción, nuestros objetivos. Buscar una solución alternativa, porqué no, con otra filosofía totalmente distinta, rompe los esquemas hasta entonces intocables, y abre las puertas a una nueva visión del problema.

Muchas veces, actuamos de forma repetitiva por MIEDO a equivocarnos si cambiamos nuestra propia "teoría de la verdad". No saber qué puede ocurrir nos asusta, y por ello, procuramos "andar sobre seguro" e insistir firmemente en aquella creencia o, en el caso de la gestión de problemas, en aquella "solución" en la que confiamos, aunque no funcione. Puede que la realidad sea otra, y es que nadie posee una teoría absoluta de la verdad, nadie puede anticipar un "modus operandi" único y cierto...Existen miles de caminos para cada conflicto, y adaptarnos al problema en lugar de pretender que el problema se adapte a nosotros, quizás sí sea una forma inteligente de resolución. Así pues, la flexibilidad, el respeto sin miedo hacia el cambio y la humildad, pueden ayudarnos a abrir nuestro abanico de posibilidades y actuar de una forma más eficaz. En ocasiones, como hemos visto en el ejemplo, no se trata tanto de un cambio totalmente acertado, sino de un cambio. Quizás, al problema que presentaba la familia de Hector, le hubiésemos podido proponer otra solución, pero siempre, lejos de la repetición e insistencia del modo en que actuaban los padres sin observar cambios. El secreto es encontrar un cambio de filosofía que nos permita conseguir el mismo objetivo, y como ya hemos dicho, para este cambio no existe una única opción, no existe una única verdad.

Esta semana, una conocida revista de psicología, Mente Sana, publicaba la siguiente parábola:

" Un viajero que recorría la India, y que se definía a sí mismo como "buscador de la Verdad", encontró a un anciano serenamente sentado bajo un árbol tallando una flauta. Le habían dicho que ese hombre era el más sabio de la comarca. Se le acercó y, pidiéndole permiso para hacerle una pregunta, le dijo: "Señor, ¿ Cómo puedo llegar a la verdad?.

El viejo sonrió y, después de un largo silencio, le dijo: "Si lo que buscas es realmente la verdad, hay algo que es indispensable que ejerzas por encima de todo..."

Preso de su propia ansiedad, el viajero interrumpió al anciano: "Sí, ya sé: una irresistible pasión por ella".

Tras otro largo silencio, el anciano arrojó su última frase al ansioso viajero: "No, una incesante disposición a reconocer que puedes estar equivocado"



El mensaje que nos transmite esta parábola, anima a meditar sobre nuestra forma de ver los conflictos, de gestionar nuestros propios asuntos, y nos invita a abrirnos a un mundo infinito de posibilidades.

Y vosotros, ¿ Cómo habéis gestionado los últimos problemas que se os han presentado? ¿ Qué soluciones habéis encontrado?

Consulta privada Mª Teresa Mata, psicoterapeuta y fisioterapeuta.


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2 Comments:

At 1:04 a. m., Anonymous Anónimo said...

HOLA,

Me llamo Lore A.
gracias por ofrecer este espacio. Yo tengo un problema con mi madre. SIempre discutimos y al final le chillo y es peor. No me se controlar, me cuesta mucho callarme, pero después me sabe mal. ¿qué puedo hacer?, me siento mal cuando la chillo pero necesito hacer mivida.

gracias

 
At 11:20 a. m., Blogger Maria Teresa said...

@ Lore A.

Bienvenida a nuestro Diván Lore. Parece que sientes un importante malestar tras discutir con tu madre, y es muy natural que así lo sientas. A veces, desde la posición de hijo es difícil comprender la posición de madre y desde la posición de madre es complicado comprender la de hijo. Es importante que dialogues con tu madre, y que puedas expresar aquello que sientes, aquello que te inquieta, etc, pero la forma más constructiva de hacerlo es justamente desde este punto, EL DIÁLOGO. De todas formas, las discusiones y descontrol del tono de voz puede aparecer, y en realidad, la mejor solución y la mejor forma de gestionar esta situación es por medio de la disculpa y el respeto. Todos actuamos de forma incorrecta en ocasiones, no te castigues por ello, PERO SÍ PON SOLUCIÓN. Tu misma puedes contar hasta 10 antes de decir algo que no sientes, antes de chillar o hablar con malas palabras.

Desde el Diván te aconsejamos que como tu dices, sigas haciento tu vida, sigas cumpliendo tus metas, y siempre que sea necesario, expresando esta necesidad a tu madre...


Un abrazo

 

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